Nunca olvidaré mi primera visita al acuario de tiburones.
Las fauces abiertas mostraban una mortal sierra de dientes afiladísimos. Se acercaba a una velocidad endiablada. Las piernas me temblaban y por poco me oriné. Estaba a tan sólo un metro de mí cuando giró para no chocar contra el cristal.
Nunca olvidaré mi primera visita al acuario de tiburones.
Nunca olvidaré mi primera visita al acuario de tiburones.