Prisión de lluvia

Publicado el 08 marzo 2010 por Chaimon
Los días de lluvia suelen despertar emociones varias y se enfilan en el grupo de días para pensar, reflexionar y hasta para recordar.
Como si uno la hubiera pasado increíble, cada día en el cual la lluvia, como dice una canción que conozco, es una prisión de lluvia.
La cuestión es que este día lluvioso me regaló algo inesperado, me regaló una nueva forma de deseo...
Les cuento; el cielo estaba por demás enojado y lo expresaba con gotas que tenían la fuerza de una lanza arrojada por un guerrero otomano ante la invasión inquisidora.
Por un momento quise evitar mojarme pero debía caminar debajo de ella. La obligación de ir al médico jugó en contra de mi voluntad.
Caminé debajo de cada techo posible, esquivé cada chorro de agua que expresaba sus ínfulas de cascada.
Seis cuadras me separaban de mi destino y que parecían miles y miles de kilómetros.
A los pocos metros de comenzar esta travesía de llegar seco a la parada del bus, descubrí que era inútil intentarlo y me dejé mojar. Estaba como recién bañado pero sin haber tenido el tiempo de sacarme la ropa. En esos casos no arrugo los ojos y dejo de correr hacia techos, con la intención de mojarme menos porque de chico descubrí que esas, no son armas para lograrlo.
Llego a la parada del colectivo que me llevaba hacia el consultorio médico y veo venir a lo lejos a un chico con el torso desnudo. Es decir, jean puesto, zapatillas mojadas y camiseta en su mano derecha. Su andar relajado era el de un ser que parecía haber sido el autor intelectual de desatar con furia, tremendo vendaval de agua sobre todos nosotros. Caminaba como si el agua fuera su hábitat natural, como si en lugar de pulmones tuviera branquias.
Gracias a él comencé a disfrutar mucho más este infierno acuático desatado sobre la ciudad.
Él caminaba hacia mi dirección y yo disimuladamente lo observaba como para no inhibir su caminata.
Cuando estuvo a dos metros mío, me miró y con una sonrisa maravillosa me dijo
"...qué ganas de abrazar una chica con paraguas".
Ahí descubrí una nueva forma de desear una mujer.