Revista Literatura

Proactividad vs Reactividad.

Publicado el 16 mayo 2012 por Marga @MdCala

Una de mis últimas amistades realizadas en Facebook, es la escritora, bióloga y profesora de instituto, Nieves Mesón, autora -entre otros- del libro “Amor, sexo y mentiras” (Divalentis). Tengo también la suerte de que nos seguimos mutuamente en Twitter, y a pesar de tratarse de una profesional realmente ocupada, puedo decir que interactúa de manera sencilla y afable con quienes nos encontramos en su grupo de contactos, sin el problema de soberbia y distancia del que otros personajes populares -mucho menos interesantes- adolecen.

A mí me cautivó con esta entrevista realizada en Para todos la 2 de TVE. Arguye que en gran parte la rabia y frustración que arrojamos sobre los demás, no es sino rabia y frustración que albergamos en nosotros mismos. Que no nos queremos. Que el enfado, en realidad, no es con el otro, sino con uno mismo… y que antes de relacionarnos con el resto, debemos aprender a tratarnos bien nosotros y así conseguir dar lo mejor de cada uno, lo que provocará reciprocidad y bienestar general.

Proactividad vs Reactividad.

Estoy de acuerdo en gran parte, salvo las consabidas excepciones. Me explico: puede que muchas relaciones se vean malheridas por un enfado que no es sino conmigo; alguna decepción propia o desafectación que vuelco (que me sacudo) en la otra persona, sí. Pero también existen esos “otros” cuya reducida comprensión (eufemismo) nunca alcanzará a preguntarse lo mismo que yo, por mucho auto-examen que me realice, y por tanto esa relación jamás resultará igualitaria. Su conclusión, si es que llega a concluir, será que “ha ganado la pelea porque tenía la razón desde el principio”, y ahí colocará el punto cabezón final. ¿Que eso no nos debe importar ya a estas alturas del crecimiento? Probablemente, pero sólo si no se va a mantener la relación. Sólo si la meta es acordar la paz con esa persona y terminar ahí. Si la idea es continuar juntos el camino, creo imprescindible el auto-examen y la exigencia personal de ambos. O del conjunto, si se tratara de más gente implicada. Digamos que para amarse en igualdad, ambas partes deben bajarse los pantalones…

Nieves defiende la proactividad, en lugar de la reactividad, para conseguir el éxito personal en cuanto a relaciones se refiere. El control del instinto (el primitivismo) que te impulsa a la defensa más salvaje cuando existe la provocación. ¡Que me lo digan a mí, si la proactividad no requiere de entrenamiento diario! Es realmente complicado contener una reacción, cuando ha habido un ataque previo. Es tan complicado que necesita de una inteligencia y un auto-control superior a la media, tan ocupada en alterar. Pero en ello estamos.

A diario presencio ocasiones en las que, como diría el desaparecido Gila, pienso: “¿Me meto, o no me meto?”, y algunas veces gana el instinto, y otras gana el cerebro. La provocación está hecha para conseguir la reacción, y sin ésta, se diluye como la Nada que es… hasta dejar de existir. Nadie debe creer que la no participación en una afrenta es un K.O. propio. Todo lo contrario.

Recuerdo cuando, de niños, nos peleábamos los hermanos en casa. Mi madre, en el fondo compartiendo la teoría de Nieves Mesón sobre el control de los instintos y la superioridad de quien lo consigue, siempre nos decía lo mismo: “quien cede, quien deja la pelea, es el más inteligente”. Sólo alguna vez contada, conseguí ser yo la “ganadora”, dándome por vencida.

Pero entonces era una niña. Ahora soy una adulta y no hay excusa posible. El entrenamiento del control ya se ha puesto en marcha. Provocadme, provocadme,  y lo comprobaréis…


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