Qué envidia me da el fútbol argentino

Publicado el 15 abril 2011 por Perropuka
Cuenta la tradición, que hace más de un siglo, los impulsores de un equipo recién fundado, cansados de las ‘cargadas’ de los equipos rivales, se dirigieron al puerto bonaerense sobre el Rio de la Plata para elegir nuevos colores, el azar ondeó allí la bandera azulona de un buque sueco, designios inefables del destino, hoy esos colores identifican al equipo más popular de la república Argentina.La historia narra que los ‘piratas’ ingleses pretendieron apoderarse de Buenos Aires a cañonazos y a punta de sable. No lo consiguieron. Un siglo después trajeron un nuevo arma, una bola de cuero. Y se impusieron a punta de entusiasmo tanto como calar en el imaginario colectivo sus nombres ingleses: Racing Club, River Plate, Newells, Banfield, Boca Juniors, All Boys. Caprichos del destino y una serie de enfrentamientos históricos han alimentado en los corazones argentinos, sentimientos contradictorios. A resultas, adoran como nadie la esférica inglesa pero detestan a su Majestad y a su selección.Empero, haciendo a un lado esta rivalidad, no hay pueblo más amante y devoto del juego en este continente que el pueblo argentino, salvo los ingleses en el suyo. Algunos se preguntarán ¿y Brasil qué?, también hay fervor pero no tanto: el brasileño domina como nadie el juego, pero el argentino siente como nadie.Un argentino vive a caballo entre un asado, un mate y un partido de fútbol. Consciente o no de que la vida no es más que una sucesión de emociones, vivencias y sensaciones, ha bautizado a sus estadios con nombres evocativos: ‘El Monumental’, ‘La Bombonera’, ‘El Nuevo Gasómetro’, ‘El Cilindro’, ‘El Fortín’, ‘El Bosque’.La tierra argentina, no sólo ha producido tangos, dulce de leche y zambas, también es capaz de alegrar el fútbol con el desparpajo de un ‘cara sucia’ o el ímpetu arrollador de un ‘matador’. El pueblo profundo, rico en folclore futbolístico, es quizá el más imaginativo de estas latitudes, sobre todo cuando hay que burlarse de los rivales; empero la historia juega siempre a capricho, lo que a veces nace como un despectivo, andando el tiempo se convierte en motivo de orgullo para la afición afectada: ‘los canallas’, ‘los leprosos’, ‘las gallinas’, ‘los bichos colorados’, ‘el taladro’, ‘los cuervos’. Pero siempre quedará en la memoria, al menos en la mía, evocación más imposible, gráfica y sonora como la del ‘Pincharrata’, ¿habrá mote más memorable, corrosivo y a la vez verbalmente exquisito?Por otro lado, si ha oído nombres tan extraños como estos:  Gimnasia y Esgrima de La Plata, Gimnasia y Tiro  de Salta, Gimnasia de Jujuy, Tiro Federal de Rosario, aunque no lo parezcan, son equipos de fútbol, ¿por qué los nombres?, vaya uno a saber, pregunte a un argentino.Así es el futbol argentino, puro corazón, tradición y leyenda. Fervor que raya en lo religioso muchas veces. Lealtad con los colores,  pecho en los momentos más duros, aun cuando la economía vaya mal, los estadios rara vez están vacíos.A diferencia de las mayores ligas europeas donde imperan los equipos poderosos, que un equipo chico gane un título, es de por sí un milagro, un accidente deportivo. Lo que no ocurre en estas latitudes, donde los grandes hace mucho que andan de capa caída y el campeonato puede ser para cualquiera de los peces chicos, que una y otra vez se ‘morfan’ a los grandes, aún a domicilio.Cualquier  domingo, en otra parte del planeta nadie entendería el fútbol como una madre argentina oyendo a su hijo: ‘No me preguntes vieja, no ves que hoy juega La Lepra contra el Canalla’.Lo de la violencia en sus estadios, ya es otra cosa. Desgraciadamente recurrente.