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¿qué nos queda a los ciudadanos?

Publicado el 13 noviembre 2011 por Jlmon
¿QUÉ NOS QUEDA A LOS CIUDADANOS?

Contar con un enemigo siempre es un recurso inapreciable, pero si además éste resulta incorpóreo y carente de cabeza visible, el recurso se convierte en bendición divina para ineptos y cobardes amparados en la “cultura del culpable”. ¿Recuerdan la conspiración judeo- masónica? Más allá del esperpento valleinclanesco, acabó resultando una de las tácticas más recurridas cuando la incompetencia obligaba a tocar maitines en la Plaza de Oriente.

El mercado existe desde que un individuo le echo el ojo al hueso que otro roía hasta el hartazgo en una oscura y sucia cueva. Pasaron muchos siglos hasta que Adam Smith dejará pasar las tardes meditando sobre el fenómeno mientras contemplaba como la niebla se apoderaba de los yermos paramos escoceses hasta llegar a la conclusión de que era más saludable dejarlo todo en manos de la divina providencia. Poco han cambiado las cosas desde entonces aunque se observa un aumento imparable del grado de anonimato y de maldad contumaz en estos mercados contemporáneos que, al parecer, nos acechan y asolan hasta llevarnos al borde del abismo. Pero, no nos dejemos engañar. Los mercados existieron, existen y existirán. Pero “estos mercados” son puro mito y acabarán por convertirse en leyenda.

Los humanos tenemos, entre otras, la extraña debilidad de confundir el culo con las témporas, en otras palabras, trasmutar el efecto en causa hasta sumirnos en una confusión de la que tan sólo los ineptos y cobardes se salvan. Los actuales mercados y sus compañeros de felonías, la gran banca, son el efecto, nunca la causa. Nos equivocamos al centrar todas nuestras críticas en ellos y acabamos emulando la estrategia de quienes los han creado tal como los conocemos: los políticos.

Repasemos la galería de la “política europea contemporánea”: Merkel, Sarkozy, Zapatero, Berlusconi, Papandreou, Cowen, Socrátes, Brown… ¿Qué tienen todos ellos en común?

·Mediocridad

·Cobardía

·Incompetencia

·Ausencia de sentido de Europa

¿Quiénes han permitido que los mercados adquieran un protagonismo que no les corresponde?

¿Quiénes han permitido que la estructura financiera europea haya llegado a unos límites de fragilidad prácticamente insoportables?

¿Quiénes han consentido el crecimiento de órganos europeos carentes de competencias reales?

¿Quiénes han permitido que los países emitan deuda en una moneda que no controlan?

¿Quiénes insisten en el discurso de la austeridad que tantos infortunados antecedentes tiene en Europa, empezando por una empecinada Alemania que ya probo el aceite de ricino en la década de los treinta del pasado siglo?

¿Quiénes han permitido que se junten churras con merinas, arreglándolo todo con fondos estructurales de dudosa gestión y control?

En fin, ¿quiénes han robado a la palabra “democracia” su verdadero significado colocando a los Rehn, Lagarde, Draghi, Rompuy o Juncker al frente de la maquinaria sin que a nadie se nos haya consultado?

No lo duden, ellos y sólo ellos.

Los mercados y la gran banca son a los políticos europeos lo que la conspiración judío masónica era al régimen del oscuro dictador: el culpable perfecto. Ni nombre, apellidos, ni domicilio conocido. El enemigo perfecto.

El primo americano tiene una buena parte de culpa de todo lo que está ocurriendo. Pero convertirlo en otro culpable más no va a solucionar ni el más pequeño de nuestros problemas. Más bien, supondría admitir nuestra ausencia de libertad y capacidad de decisión. La culpa es estrictamente europea. Los ciudadanos por omisión y los políticos por comisión.

¿Qué puede ocurrir?

Apenas hay margen para la esperanza.

Necesitamos un Renacimiento de Europa. Pero si los nacimientos vienen acompañados de dolor, los renacimientos aportan sufrimiento añadido. Reclaman aceptación de la culpa, contrición y propósito de la enmienda. Estos políticos nuestros, son tan incompetentes que apenas pueden vislumbrar la enmienda, pero, peor aún, jamás pasarán por la contrición.

¿Qué nos queda a los ciudadanos?


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