Claro que, aunque diez amigos le estén llevando la contraria, si él cree que lleva la razón, es capaz de pegar un desafotunado golpe en la mesa totalmente reprochable, partirse el quinto metacarpiano y aguantar con total dignidad las risitas, burlas y bromas de los mismos amigos al verlo con la mano vendada al día siguiente. Porque es capaz de burlarse de sí mismo y relatar, entre risas, la cara de serio del profesional de urgencias que le vendó la mano en un hospital comarcal a las tantas de la madrugada y que, al enterarse de cómo se produjo la fractura, le espetó, sin apenas mirarle: "La próxima vez, te lo piensas". Pues eso.
Claro que, aunque diez amigos le estén llevando la contraria, si él cree que lleva la razón, es capaz de pegar un desafotunado golpe en la mesa totalmente reprochable, partirse el quinto metacarpiano y aguantar con total dignidad las risitas, burlas y bromas de los mismos amigos al verlo con la mano vendada al día siguiente. Porque es capaz de burlarse de sí mismo y relatar, entre risas, la cara de serio del profesional de urgencias que le vendó la mano en un hospital comarcal a las tantas de la madrugada y que, al enterarse de cómo se produjo la fractura, le espetó, sin apenas mirarle: "La próxima vez, te lo piensas". Pues eso.