Revista Talentos
Cuando por fin había asumido su destino con valentía se dejó dar la ultima paliza. Después, sigilosa, lo abandonó como a un perro muerto. Él, indigno, se quedó sollozando, intentando engañarla una vez mas, haciéndole creer que era la flor más bonita del jardín, mientras la amedrentaba entre amenazas descontroladas.
