Soltó el cuchillo, dejándola como dormida... en un gran charco de sangre.
Entre lágrimas y sombras, el corazón agitado, las manos húmedas, temblorosas; negándose la realidad. Ya cansado de pedirle, rogarle, suplicarle. Un solo beso, una caricia, una palabra. Hoy decidió liberarla, dejarla ir, confrontándola sabía de antemano la respuesta.
Soltó el cuchillo, dejándola como dormida... en un gran charco de sangre.
Soltó el cuchillo, dejándola como dormida... en un gran charco de sangre.