—¡Populista!
—¡Bolivariano!
—¡Perroflauta!
—¡Comunista!
—¡Podemita!
—¡Vete a Venezuela!
El joven, cansado de recibir amenazas e improperios por difundir sus ideas, accedió llorando al templo, se desvistió hasta quedar en taparrabos, se colocó nuevamente la corona de espinas y trepó para ocupar la cruz que, vacía, pendía tras el altar.
