Cada lunes por la mañana, una persistente resaca se empeñaba, caprichosa, en impedirle recordar.
Cada víspera de fin de semana, un genio encerrado en el fondo de las botellas le suplicaba que lo liberara de su prisión. A cambio, le prometía solemnemente concederle tres deseos que no podría olvidar jamás.
Cada lunes por la mañana, una persistente resaca se empeñaba, caprichosa, en impedirle recordar.
Cada lunes por la mañana, una persistente resaca se empeñaba, caprichosa, en impedirle recordar.