Revista Literatura

Reseña de “Reliquias”, de Ana Martínez Castillo

Publicado el 15 marzo 2021 por Miransaya

Reseña de “Reliquias”, de Ana Martínez Castillo
 

TÍTULO: Reliquias

AUTORA: Ana Martínez Castillo

EDITORIAL: Eolas

SINOPSIS

Reliquias, el primer libro de cuentos de Ana Martínez Castillo, es una colección de miedos atávicos que nos acompañan desde siempre. Todos los personajes cargan con su propio miedo y es ese miedo el que les obliga a actuar, con frecuencia de forma absurda o irracional para un observador externo de la trama, pero siguiendo las leyes propias de una lógica interna que la autora es capaz de urdir hábilmente en muchos de los cuentos.

Ana Martínez Castillo nos hace creer en esos seres atormentados, viles o inocentes, ridículos o heroicos gracias a la soltura con la que es capaz de utilizar un lenguaje limpio y directo que combina a ratos con un registro cuidado en la elaboración de imágenes bellísimas, muy sensoriales, cuando la descripción de una atmósfera o un personaje así lo requiere.

No existen límites en su exploración del miedo literario. La autora toma prestadas referencias muy diversas y se adentra en devastadoras sociedades distópicas, herederas de Bradbury, en los interiores sombríos del gótico victoriano, en la plasticidad escatológica del cómic o en el absurdo contemporáneo basado en el miedo existencial a la alienación del individuo que inauguró Kafka. Podría decirse que todos los órganos de lo fantástico coinciden sin desafinar en el cuerpo textual de Reliquias, porque todos, en realidad, remiten a una verdad inapelable: el ser humano siempre tendrá una historia que contar mientras cargue con el miedo, una pulsión que vamos heredando de nuestros antepasados como una trágica joya de familia. Como una reliquia que nos espanta y nos fascina sin que podamos evitarlo.

https://www.eolasediciones.es/catalogo/coleccion-las-puertas-de-lo-posible/reliquias/

OPINIÓN

Reseña de “Reliquias”, de Ana Martínez Castillo
«Podéis desordenar estas palabras si queréis, pero aquí, aquí y ahora, están el cielo y la mano y la turbia oquedad de la boca.» De lo Terrible
, Chamán Ediciones.

Es curioso como a veces conoces algunas almas afines sin saber siquiera que son ellas. Eso me sucedió con Ana Martínez Castillo, autora a la que conocí en persona en la Hispacon 2019 y enseguida sentí ese cosquilleo de los gustos afines.

Compartimos whatsapps sobre nuestras rarezas y empezamos a hablar, pero no fue hasta sumergirme en la lectura que entendí que ya la conocía, pues había leído Cómo cocinar princesas —ilustrado que me fascinó y recomendé un montón en la librería—, y en su imaginario vi reflejadas muchas de mis fascinaciones y de mis miedos.

Al adentrarme en su poesía, con su último libro De lo Terrible, de mano de Chamán Ediciones, se me puso la piel de gallina. E inevitablemente, pues en la obra de Ana las historias, los temas y los terrores, se persiguen de libro a libro, de página en página, Reliquias, libro de relatos publicado con Eolas Ediciones, que comentamos en el Club de Lectura Un té con Damas Oscuras, no podía ser menos.

«La lluvia hacía incómoda y desesperante la ciudad. Pero ella tenía el candelabro, y podía contemplarlo una y otra vez, observarlo toda la tarde y toda la noche si quería, mirarlo como se mira a una niña muerta, sin tener suficiente voluntad para apartar los ojos un instante.»

Lenguaje poético y metáforas cargadas de ironía, melancolía y dolor. Distopías que nos recuerdan a un Bradbury enamorado de Poe. Se trata de una autora con aires góticos y un imaginario plagado de fantasmas y mundos futuros.

En uno de sus relatos, Paciencia, el Cazador de Caperucita es en realidad el Lobo, y un giro final y retorcido nos roba una sonrisa macabra, pues hay cosas en los bosques que sólo salen de noche.

«(…) aquello ya no era el pueblo, era la región de las niñas solas.»

Los niños son tratados como la imagen de la inocencia, pero también como la semilla y la carne del terror, una metáfora de lo que se esconde, de lo que todavía no es y de lo que fue, siempre con manitas y dientes pequeños.

Tabúes y crítica social se mezclan en escenas escalofriantes y, a veces, repugnantes, protagonizadas por espantajos que creen ser héroes o similares. En sus historias podemos encontrar referencias literarias, desde los cuentos clásicos, a Poe y Goethe.

Miedos compartidos que se gestan en el inconsciente colectivo: la oscuridad, la muerte y lo que hay más allá, el bosque y el fracaso, el horror de una vida adulta que no valga la pena, el terror a no ser nada.

Imágenes reconocidas, realidades irónicas que se mofan en nuestra cara con cierto crujir de huesos y fru-fru de mortajas. Relatos que te hacen observar tu propia vida por las relaciones y casualidades, por ese "y si" escalofriante de “podría ser el vecino o incluso pasarme a mí”.

La locura inherente al ser humano, la enfermedad de nuestro mundo…, el fantasma de esta época se mezcla con paisajes de Marte, que entre fiebres reniegan de una cultura terráquea enterrada viva. Como en Hacia el atardecer, relato en que un Drácula marciano siembra el terror en el conquistador que se cree a salvo. En él subyacen la aversión a la enfermedad y a los insectos, a lo extraño, a la descomposición y lo que se mueve bajo tierra y en las aguas estancadas.

Ana permite una nueva mirada al monstruo, una de adentro hacia afuera, que puede gustarnos o causarnos desasosiego y nausea, pero que, sin duda, esgrime el pensamiento de la criatura atormentada desde un sólo punto de vista: el del vivo, el cuerdo, la sociedad "sana". Puede traernos aromas a Soy Leyenda de Richard Matheson, pero con no-muertos que creen en el juicio y la resurrección divinas.

Anna es capaz de crear inicios que te revuelven, como en El Nido, relato basado en una historia real y donde la locura, que pasa de generación en generación a causa del dolor y del odio, provoca que la adolescencia sea vista como algo diabólico, como algo infecto que se ha de extirpar; porque las palabras y las miradas duelen y atraen el recuerdo de lo que fue. El exorcismo y el fanatismo del ignorante.

«Y estaba ahí anudada, y estaba en los húmedos tejados de Morar, estaba y sabíamos que el paisaje germina de un racimo de ojos, que danzan las viejas en las esquinas, que jamás íbamos a ensayar la incertidumbre, ni el simulacro de saberse cansados de la vida.»

Autora recomendada a aquellos que gusten del escalofrío y no teman a leer cuando ha anochecido.

Isabel del Río

Enero 2021


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