Tiempo después, al disiparse el último chispazo de radioactividad, la Oscuridad se quebró y regresaron las estrellas. Las aguas se regocijaron en el seno de la tierra. Al tercer día vomitaron vida los volcanes y resucitaron los pájaros. Adán espera impaciente; ningún dios se atreve a extirparle aún la costilla.