Revista Diario

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Publicado el 17 febrero 2025 por Elcopoylarueca

SALTANDO ESTÁN LOS GATOS POR LOS VERSOS

«Mi gato nunca se ríe o lamenta. Siempre está razonando».
Miguel de Unamuno 

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Polly, Minou y Eon, Will, Barnet, tinta sobre papel, 1979.

Filosóficos, entretenidos, incomprendidos, con un ego que los eleva a los cielos, fisgones, independientes, silenciosos, manipuladores y extremadamente curiosos; así describimos, en líneas generales, qué es un gato. Un gato es, en sí mismo, un acertijo, añadiría.

¡Oh…!, pero un gato también es un buen compañero de viaje. Claro, que para ello debe sacrificar lo que le es más querido: su libertad. Poetas y artistas han recompensado, a través de sus obras, la entrega de tan inestimable tesoro: los felinos de Baudelaire, Poe, Dykinson, Neruda, Borges, Chagall, Keats, Balthus, Remedios Varo, Rilke, Nervo, Lezama Lima, Carroll, Iriarte, Carrington, Bishop, Montaigne… —¡somos tantos los hipnotizados!— comparten con sus «humanos» el sitio que ocupan en la historia del arte y de las letras.

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

El gato en el espejo III, óleo sobre lienzo, 1989-1994.

Las mascotas literarias y plásticas son reflejos de identidades, de deseos, de vicios, de frustraciones… Y son, se aprecia en el protagonismo que tienen en las fábulas, eficaces portavoces de saberes.

Los michos imaginarios revelan el alma de quienes les versan y con colores los acicalan; de modo que ofrecen una información que va más allá de la que resulta de los silenciosos asaltos a azoteas en busca de amores en noches de luna llena. Los gatos «intelectuales» son símbolos y, por eso, hay que arrimarse a ellos con la mente dispuesta a interpretar enigmas.

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Solterona, Beatrice Wood, cerámica, 1965.

Amigos, escribo bajo la atenta mirada de unos ojos redondos, cuyas pupilas cambian de color según les da la luz. La dueña de ese mirar me exige un espacio en el blog y, como es quien manda en mi hogar, aquí estoy, cumpliendo con la obligación de dar satisfacción a mi peluda «terapeuta», quien sigue manteniendo, a pesar de tantos años de sofás, de panza saciada y de aburridas siestas, su instinto de cazadora y su aura cómplice de brujas ardiendo en hogueras medievales. Cuando su otear se tuerce… lo mejor es que el aire corra.

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Dioses planetarios y gatos, Michael McGrath, tintas sobre papel de algodón.

Lector, entre los grandes fingidores de la fauna están el lagarto, que se mimetiza con lo que encuentra, y el gato, aparentando que todo le importa un pito. Pero el gato literario y el gato dibujado se diferencian del que corre, ligero, por los aleros: su manera de aparentar desinterés se distingue de la del felino real. No olvidemos que su naturaleza gatuna es especialmente inquisitiva, reflexiva y observadora.

Más negro que la noche del fin de los tiempos, o pelirrojo, al estilo elfo, o místico —deberá ser blanco—,  el maullador intelectual, al margen de definiciones figurativas o abstractas —los movimientos estéticos no son más que vestimentas de quita y pon—, es un narrador que simula guardar los secretos de sus amos.

El gato versificador y artista es peligroso, ya que es ser espiritual con seductoras costumbres. El gato, que a continuación será vuestro anfitrión, es consciente de que es utilizado, así que acérquense con cautela a este peculiar caleidoscopio que he creado con maullantes metáforas. 

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

POEMAS

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gatos en Venecia, Elizabeth Blackadder, aguafuerte y aguatinta, 2003.

GATOS
Luis Antonio de Villena

Ahora me acuerdo de los gatos de mi casa.
De la vieja casa de mis abuelos,
llena de sol y uvas de veranos
y de nieve y de leña los inviernos…
Mariposa era blanca y negra…
Tabita (a la que yo más quise)
plural de colores vivos.
Gatos comunes y preciosos,
ágiles, mimosos, esbeltos,
que me devuelven a una infancia
que a ratos creo triste
y otros días feliz y luminosa,
como los años en que ocurrió,
tan luminosos y oscuros…
Preciosos gatos de mi infancia,
acordáos de mí desde el cielo de Anubis.
Yo soy (lo sabéis bien)
aquel niño que os quiso tanto
y que siempre tenía nostalgia.
Soy la melancolía de la melancolía.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Nocturno sobre gatos, Rafael Zabaleta, óleo sobre lienzo, 1956.

POEMAS SOLO DE GATOS
Rafael Alcides Pérez

Este gato está perdiendo amor.
Maullando llega, levanta la cola,
se arquea como un joven guerrero,
se aplana contra el piso, se tiende
boca arriba con la sinceridad
de quien ya ha perdido la vergüenza,
da vueltas, no deja de maullar
y se va, por fin se va
sin que le hagan caso.

Yo también maullé a lo largo
de mi vida, señor gato. Yo también
levanté la cola; yo también
me contorsioné como un acróbata
en su noche de debut; yo también
me aplané contra el piso
hasta ser una alfombra
volando en los cielos de Simbad.
Yo también,
fui payaso, telépata, electricista,
príncipe desterrado que arregla cocinas a domicilio
para olvidar, y al cabo yo también
me marché sin que me hicieran caso.

Es el destino de esta ciudad.
Acostúmbrese. (Está escrito).
En overol de herrero
o con fanfarrias de monarca,
por los siglos de los siglos
pasarán los moradores de este lugar
maullando igual que usted.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Mujer y gato blanco, Will Barnet, técnica mixta sobre papel, 1971.

TULIA
María
Victoria Atencia

Hasta el tibio reposo de mis sueños te alzas,
ojos gualdos abiertos que saben mi costumbre:
te precede tu acto y me roza tu aliento.
Una puerta se entorna a merced de la noche.
Me despierto de pronto y contigo comparto
tu impasible, felina quietud sobresaltada.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

El pez dorado, óleo sobre lienzo, 1948.

DOBLE NOCHE
José Lezama Lima

I

La noche no logra terminar,
malhumorada permanece,
adormeciendo a los gatos y a las hojas.
Estar aprisionada entre dos globos de luces
y mantiene, como una cabellera
que se esparce infinitamente,
el oscuro capote de su misterio.
La noche nos agarra un pie,
nos clava en un árbol,
cuando abrimos los ojos
ya no podemos ver al gato dormido.
El gato está escarbando la tierra,
ha fabricado un agujero húmedo.
Lo acariciamos con rapidez,
pero ha tenido tiempo para tapar
el agujero. Hace trampa
y esconde de nuevo a la noche.

II

Entré en el cuarto,
no me decidí a encender la luz.
Estaba un hombre sentado en un taburete, su espalda toda frente a mis ojos.
No lo sentí como extraño
ni alteraba la colocación de los muebles
ni el botón de la luz.
Como en una explicación inaudible
dije: Uno.
El otro, con su cuerpo inmovilizado,
moviendo sus labios con sílabas muy lentas,
me respondió: el cuerpo.
Temeroso, con gran culpa, encendí la luz.
El otro seguía en su taburete,
comenzó entonces como un debate ciceroniano
en el senado romano,
golpeando las almohadas con los puños.
El gato absorto y lentísimo
comenzó de nuevo a esconder la noche.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato en el tejado, Charles Blackman, 1952.

EL GATO DE MI VECINA
Begoña Abad

El gato de mi vecina
me mira desde un estrecho alféizar en la ventana de un octavo piso.
Es la primera visión de la mañana. Me mira con sus ojos alargados y verdes
en medio de un grumo de pelo blanco
y permanece quieto, como si fuera de
porcelana. Abajo, un patio, también estrecho,
de baldosas rojas
y una caída profunda
como la vida.
Me pregunto por qué se atreve
a sentarse en ese borde peligroso,
por qué instinto primario
se arriesga a la libertad
de mirar tejados.
Nos parecemos bastante,
a mí también me gusta
bordear los límites
del patio en el que vivo.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato de angora, Morris Hirshfield, óleo sobre lienzo, 1937.

UN GATO EN UN PISO VACÍO
Wislawa Szymborska

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse en los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son esos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido las estanterías.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Iré hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos y maullidos al principio.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato y pájaro, Paul Klee, óleo, 1928.

ELLA VE UN PÁJARO
Emily Dickinson

Ella ve un pájaro —y sonríe.
Ella se agacha —y se arrastra.
Ella corre como si no tuviera pies.
Sus ojos pasan a ser astros.

Su mandíbula se aprieta —rechina, hambrienta.
Sus dientes faltos de paciencia.
Ella salta, pero el petirrojo salta primero.
Oh, gatita en la arena,

tu esperanza chorreando,
esa lengua que ya tenía sabor.
La felicidad mostró cien dedos
y se marchó con todos.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato negro, Ernst Ludwig, óleo sobre lienzo, 1926.

A UN GATO
Jorge Luis Borges

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

El gato, Francis Picabia, óleo sobre lienzo, 1938.

HAIKU
Yasô

tromba invernal:
parpadean los ojos
del gato.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.
La vieja actriz, Max Beckmann, óleo sobre lienzo, 1926.

HAIKU
Kobayashi Issa

El gato y yo
no cruzamos
la puerta

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Naturaleza muerta y gato, Gabriele Münter, óleo sobre lienzo, 1930.

*

HAIKU
Susana Benet

Frío sardinas.
El gato en la cocina
ronroneando.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

La mujer de los gatos, Kees van Dongen, óleo sobre lienzo, 1912.

EL GATO DE ESTHER
Ted Hughes

Día tras día el gato yace sobre su vientre
como un felpudo viejo, sin ojos y sin boca.
Interminables guerras y esposas son lo que
rasgaron sus orejas e hirieron su cabeza.

Como un montón de hierro y viejas cuerdas
dormita hasta la noche azul. Luego sus ojos,
verdes gemas, regresan. Bosteza largo, rojo,
y las finas agujas de sus colmillos brillan.

Un gato sorprendió una vez a un jinete
y deslizó en su cuello una soga de garfios
mientras el caballero luchaba por su vida.
Muchos siglos después la marcha sigue ahí,

en la piedra donde cayó abatido:
tuvo lugar en Barnborough. El gato sigue aún
destripando en secreto al perro ocasional,
arrancando cabezas de pollo de un mordisco.

Imposible matarlo.
De la furia del perro,
del tiro de escopeta a bocajarro, el gato
saca intacta su piel, la saca entera
de sus noches de cópula entre contenedores

bajo lunas solemnes. Salta, y con ligereza
camina sobre el sueño, su cabeza en la luna.
Noche tras noche, sobre la esfera de los hombres,
por los tejados van sus ojos y protesta.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Chica con gato II, Franz Marc, óleo sobre lienzo, 1912.

EL GATO
Guillaume Apollinaire

Quiero tener en casa:
una mujer sensata,
un gato transeúnte entre los libros,
amigos en toda ocasión
sin los cuales no viviría.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Mujer con gato, Kees van Dongen, óleo sobre lienzo, 1908.

EL GATO
Charles Baudelaire

Ven, lindo gato, a mi regazo amante;
guarda las uñas de tu pata,
que me sumerja en tu mirar radiante,
fulgor de ágata y de plata.

Mientras mis dedos acarician lentos
tu cabeza y tu lomo elástico
y de placer se crispan temulentos
al recorrer tu cuerpo eléctrico,

veo el alma de mi hembra. Su mirada,
como la tuya, animalito bueno,
profundo corta, flecha helada.

Y de sus pies a su cabeza nada,
un suave aroma de peligros lleno
que envuelve su cuerpo moreno.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Armonía, Joan Brown, 1982.

EL GATO Y LA LUNA
William Butler Yeats

El gato se fue aquí y allá
y la luna giraba como una peonza.
Y el primo hermano de la luna,
el gato rampante, miró hacia arriba.
El negro Minnaloushe observó la luna,
y por mucho que se moviera y maullara,
la fría y pura luz en el cielo
conmovía su sangre animal.
Minnaloushe corre por la hierba,
alzando las delicadas patas.
¿Bailas, Minnaloushe, bailas?
Cuando dos almas gemelas se encuentran,
¿hay algo mejor que un baile?
Quizá la luna aprenda,
cansada de modas palaciegas,
una nueva manera de bailar.
Minnaloushe se arrastra por la hierba,
pasando de un lugar a otro,
iluminado por la sagrada luna,
que ha entrado en una nueva fase.
¿Sabe Minnaloushe que sus pupilas
pasarán de un cambio a otro,
y que van de luna llena a media luna,
de media luna a luna llena?
Minnaloushe se arrastra por la hierba
solo, impotente y sabio,
y alza hacia la luna cambiante
sus cambiantes ojos.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato detrás del árbol, Franz Marc, óleo sobre lienzo, 1911.

EL GATO FELIZ
Randall Jarrell

El gato está durmiendo; yo susurro
gatito y ya se mueve y ronronea…
No se despierta. Hoy en aquella rama
(de la que cree que no puede bajar)
maulló hasta que lo oí desde la casa.
Trepé para auxiliarlo: él maullaba.
Lo que ve, lo que dice es limitado;
y más cohibida aún mi reacción.
«Suerte», pienso, «también por lo que tienes».
Pero, ¿qué tienes sino… en fin, a mí?
Lo tomo a broma pero no es de broma:
la casa y yo colmamos su memoria.
¿Cómo podrá saber el mes que viene
que es invierno, no la entropía, el fin
del universo hundiéndose en el frío?
Si pienso en él siento remordimientos.
Pobre jorobadito: ¿es que no ves
que, en realidad, no tienes más que un hombre?
Y el hombre no es feliz: ¿por qué tú si?

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato blanco, Francis Picabia, óleo y lápiz sobre cartón, h. 1940-1943.

A UN GATO QUE NO VOLVIÓ
Eliseo Diego

Ya no te veré más
durmiendo a gracia suelta:
no volviste jamás
de tu amorosa vuelta.
Con una gata blanca,
mira qué mala suerte:
la gata era la blanca
de la Señora Muerte.
La leche está servida,
está listo el pescado;
tu silla preferida
en vano te ha esperado.
Tu paso era ligero,
tus modales corteses,
y fuiste tan sincero
que me ignoraste a veces.
Me hablabas tú muy suave,
yo nunca te entendía;
mas fue una falta grave
tu enorme melodía.
Llegó hasta el universo,
ira y amor a una,
el eco en el reverso
siniestro de la luna.
Y un encolerizado
te enmudeció en el frío:
no más a nuestro lado
duermes, amigo mío.
Tu cuerpo es hoy la sombra,
las nubes son tus manchas,
y sólo ahora te nombra
el silencio a sus anchas.
La leche está servida,
está listo el pescado; tu silla preferida
ya se ha desesperado.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Chica con gato, Franco Gentilini, plato cerámico, h. 1980.

NANA PARA EL GATO
Elizabeth Bishop

Duérmete ya, Minino, dulces sueños,
cierra esos ojazos:
en torno de tu cama los Sucesos
fraguan malas sorpresas.

Minino mío, alegra esa carita,
vamos, no cuesta tanto:
no se verá en el Estado marxista
ningún gatito ahogado.

Te aguardan el amor y la alegría,
no te pongas mohíno:
mientras tiempos felices se aproximan,
duerme, espera, gatito…

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Dos gatos, Franz Marc, óleo sobre lienzo.

GATO BLANCO / GATO NEGRO
Larissa Calderón

Gato Blanco de ojos azules es el rey de los gatos.
Su trono es la cornisa de una ventana donde se recuesta a ver el mundo pasar.

Gato Negro de ojos verdes es un gato sin fortuna, sin hogar y sin familia
Es amigo de la noche y la libertad.

Gato Blanco no se preocupa por nada
Con un maullido le dan su comida favorita
y con otro le abren la puerta del jardín

Gato Negro en el día busca una sombra fresca donde descansar sin que nadie lo moleste.
En la noche caza.
Cuando queda bien lleno, camina por las azoteas para mirar la luna.

Gato Blanco no soporta ni una mancha en su pelaje claro y suave como algodón.
Todos los días lo cepillan y miman.

Gato Negro adora el silencio nocturno y las luces de la ciudad.
Cada noche se divierte acechando presas que no lo ven por su pelaje oscuro.

Una mañana Gato Blanco mira desde su ventana a Gato Negro y piensa:
¡Qué vida tan difícil!

Gato Negro mira de vuelta a Gato Blanco y piensa:
¡Qué vida tan aburrida!

***

POEMA EN PROSA

EL SUEÑO DE UN GATO
María Gabriela Díaz Gronlier

«Hiciste el poder de la mujer igual al del hombre».
Himno a Isis

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Dos gatos, John Craxton, tempera sobre tabla, h. 1955-1957.

Tiene los pies descalzos sobre las lozas ajedrezadas. Le gusta sentir cómo el frío la va anestesiando, la va preparando para enfrentarse a una rutina que la desgasta. Está sola. La luna se ha encendido y abraza con su luz el campo: estamos en el momento en el que el día ha dado paso a las estrellas.

Los ladridos de los perros se van apagando y el gato, de ojos de ágata, ha llegado y, como cada noche, se ha posado sobre el alféizar de la ventana.

—¡Por fin…!, te estaba esperando. ¿Es que vienes del cielo, acaso? He gastado los ruegos y… ha sido en vano. ¡Ya no sé qué hacer con esta negra tristeza!

El poeta le clava su volcánica mirada, y maúlla: —¡Vente conmigo a los verdes prados! ¡Vente: descubre dónde anidan las alondras y dónde los grillos cantan! Andemos a lo alto de los pinos y pesquemos: ¡hay tantas estrellas en el firmamento! 

(La puerta se abre y entra, pipa en mano y resollando, el rufián que la mantiene esclava de sus sórdidos placeres. El encuentro, como siempre, ha sido breve).

—¿Por qué el verdugo no cierra la puerta? ¿Por qué…? —la mujer, hundiendo la cabeza entre las manos, se lamenta.

—Porque está convencido de que el pájaro dócil muere en la jaula —gruñe, en español, el micho.

Ella duda. Ella no quiere, ella sí quiere… Ella lo quiere. El felino le tiende una pata y con su negra cola la abraza.

(La luna ilumina la escena).

¡Oh, noche de plata, saltan, livianos, la muchacha y el gato por la ventana!

***

POEMAS INFANTILES

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato, Franco Gentilini, técnica mixta sobre papel, 1975.

EL GATO Y EL SOL
Maurice Carême

El gato abrió los ojos,
el sol entró,
el gato cerró los ojos,
el sol se quedó.
Por eso, de noche,
cuando el gato despierta,
veo en la oscuridad
dos trozos de sol.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Bodegón con gata, Elizabeth Blackadder, óleo sobre lienzo, 1981.

EL GATO GARABATO
María Gabriela Díaz Gronlier

Garabato tiene mucha hidalguía:
proviene de una civilización antigua
y de una familia amante de la poesía.

Garabato hace cosas de gatos:
cuando le apetece, y sólo entonces,
es cariñoso, obediente y manso.

Si le digo: «¡Ven, minino, ven…!»,
posa sus amarillos ojos en los míos
y responde: «¡Miau, miau, miau!»

Echándose como un ovillo,
Garabato no hace caso
y se pone en brazos
del duende Sueñecillo.

Si le digo: «¡Ven, bonito, ven…!»,
contesta con cortesía: «¡No puedo!
¡Amiga, las azoteas me esperan!»

Y, con el corazón como din-don de campanas
y los bigotes bien tiesos,
con corbata de rayitas y botas de alta caña,
marcha hasta el quiquiriquí del gallo.

Hoy canto una canción de cuna,
pues Garabato está enamorado
de una gatita que con su pelaje abriga.

Canto una canción de cuna
porque Serenata y Garabato
esperan, en dulce gozo,
¡mininos hermosos!

(Antes que Garabato y Serenata
marchen a retozar,
debo servir leche fresca
—glu-glu-glu—,
porque, niños queridos,
hay que alimentarse
¡para poder jugar!).

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gato, tinta sobre papel, Xu Beihong, sin fecha.

A MI CASA LLEGA UN GATO
Violeta Parra

A mi casa llega un gato,
pero es un gato decente,
pero es un gato decente,
Si yo le tomo la cola
al tiro muestra los dientes.
A mi casa llega un gato.

Este gato romano
que es medio cojo,
si lo tratan de cucho
se pone rojo.
Este gato romano
que es medio cojo.
Se pone rojo, sí,
bajo la parra.
No te juegues con gatos
que tienen garras.

¡Anda a cazar ratones
por los rincones!

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Muñeca, gato y niña, Gabriele Münter, óleo sobre cristal, 1914.

MI GATITO
Amado Nervo

Tengo un gatito friolento
y si lo dejo dormir
junto conmigo, al momento
su ron-ron quiere decir:
—Gracias, estoy contento!

***

DOS FÁBULAS

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Gatos y ratones (número 6 de la serie), Manuel Ocampo, óleo sobre lienzo, 2024.

EL GATO, EL LAGARTO Y EL GRILLO
Tomás de Iriarte

Ello es que hay animales muy científicos
en curarse con varios específicos
y en conservar su construcción orgánica,
como hábiles que son en la botánica,
pues conocen las hierbas diuréticas,
catárticas, narcóticas, eméticas,
febrífugas, estípticas, prolíficas,
cefálicas también y sudoríficas.

En esto era gran práctico y teórico
un gato, pedantísimo retórico,
que hablaba en un estilo tan enfático
como el más estirado catedrático.
Yendo a caza de plantas salutíferas,
dijo a un lagarto: «¡Qué ansias tan mortíferas!
Quiero por mis turgencias semi-hidrópicas,
chupar el zumo de hojas heliotrópicas».

Atónito el lagarto con lo exótico
de todo aquel preámbulo estrambótico,
no entendió más la frase macarrónica
que si le hablasen lengua babilónica;
pero notó que el charlatán ridículo
de hojas de girasol llenó el ventrículo,
y le dijo: «Ya, en fin, señor hidrópico,
he entendido lo que es zumo heliotrópico».

¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo,
aunque se fue en ayunas del catálogo
de términos raros y magníficos,
hizo del gato elogios honoríficos!
Sí; que hay quien tiene la hinchazón por mérito,
y el hablar liso y llano por demérito.

Mas ya que esos amantes de hiperbólicas
cláusulas y metáforas diabólicas,
de retumbantes voces el depósito
apuran, aunque salga un despropósito,
caiga sobre su estilo problemático
este apólogo esdrújulo-enigmático.

*

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

Los gatos están fuera Tonite, Manuel Ocampo, óleo sobre lienzo, 2021.

LA MOSCA Y EL GATO
Manuel de Palacio

Sobre una rica fuente de natillas
orgullosa una mosca revolaba,
y al verlas tan hermosas y amarillas,
más de una vez pasando las rozaba.

Un gato, de sus amos muy querido,
vio del insecto vil el sucio empeño,
y aunque harto ya del dulce consabido,
del insecto librar quiso a su dueño.

Acostóse a este fin cerca del plato,
y, fingiendo el tunante que dormía,
con el ojo avizor, como de gato,
el vuelo de la mosca perseguía.

A la venganza y al temor ajeno,
detúvose el insecto de repente;
y el gato entonces, de soberbia lleno,
alzó la pata y la metió en la fuente.

La moral de esta fábula sencilla,
es que no fue la mosca, sino el gato,
quien al dueño privó de la natilla,
si no por criminal por insensato.

Y de este ejemplo que parece broma,
todo buen español saca este axioma:
—Poder que sólo de imponerse trata,
aun queriendo hacer bien mete la pata.

Saltando están los gatos por los versos. Poemas.

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La entrada Saltando están los gatos por los versos. Poemas. se publicó primero en El Copo y la Rueca.


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