Revista Talentos
Pasó melancólica su mano alrededor de la cabecita suave del gato que, sumiso, le miraba con ojos de melocotón. Ensimismada, con la mente lejos, recordaba el viejo sueño en el que yacía junto a una negra pantera, la acariciaba y ambas corrían jugando. Eran otros tiempos, esos que resultan indemostrables.
