Hace algo más de dos años nos vinimos a la gran ciudad, a la Ciudad de Buenos Aires. Como siempre en mi vida, es otra de las constantes pareciera, me siento sapo de otro pozo. Siempre me paso, desde adolescente, en el secundario, me sentía fuera de lugar; en mi ciudad me sentía un extraño. En el aula me sentía de otro lado. Nunca tuve un grupo, en realidad si, pero no dentro de la escuela. En mi deporte igual, en los viajes lo mismo. Siempre esa sensación de no ser, en realidad de no pertenecer.
En la universidad, como iba a ser distinto, era el del campo (cuando en mi ciudad natal era el de ciudad), siempre sapo de otro pozo. Igual que en el secundario tuve grupo, pero no era mi grupo.
En el único lugar que me sentí como si fuera mi pozo fue en las Instituciones en las que estuve, en ellas si, era mi ambiente.
Hoy, en la ciudad, me pasa lo mismo. En mi trabajo no encajo, soy totalmente extraño. A nadie le importo, es más no me bancan y, si de algo estoy seguro, es que, jamás fui subjetivo con mis compañeros. Al contrario, aun quienes por cuestiones de piel no me caen los juzgue objetivamente. Extranjero en mi país. Foráneo en mi tierra.
No encajo, en el subte siento que no quepo, que no hay lugar para mí. A nadie le importo. Ah, me acabo de dar cuenta que son cosas distintas: una es ser sapo de otro pozo y otra es no importar. No debo confundir eso. Las puedo sumar, pero no son lo mismo.
Estoy siendo injusto conmigo, o demasiado duro, o tengo muchas expectativas, o busco forzarme a algo, a ocupar un lugar que no es el mío. Tal vez no soy sapo de otro pozo. Tal vez nunca fui, ni soy, de ningún pozo. No, no puede ser cierto, probablemente no encontré mi pozo ¿debería buscarlo?