Revista Literatura

Sermón: ¿Quién es el más grande?

Publicado el 22 septiembre 2012 por Migueldeluis

Llegaron a la ciudad de Cafarnaúm. Cuando ya estaban en casa, Jesús les preguntó:

—¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino?

Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo:

—Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos.

Luego puso un niño en medio de ellos, y tomándolo en brazos les dijo:

—El que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no solamente a mí me recibe, sino también a aquel que me envió.

Marcos 9:33–37 DHH

Un giro al mundo

Hay quien, al escuchar esta parte del Evangelio, piensa que Jesús da un giro al mundo: el más grande no es el más poderoso, ni el más inteligente, ni siquiera el mejor; es aquel que es capaz de hacerse niño, para que el Espíritu lo lleve de la mano.

Otros piensan que el más grande es quién es capaz de recibir al pobre, al indefenso, al pequeño, al niño y construye toda una teología en base a esto.

Brilla la verdad en ambas posturas y no seré yo quien las critique. Sin embargo, creo que hay algo más profundo. Jesús, aquí, está dando una respuesta madura a una pregunta inmadura. Por eso sorprende a los discípulos, que están atraídos por la sabiduría de Jesús, pero que ni de lejos la han alcanzado.

La respuesta de Jesús es otra forma de decir: miren, la importancia carece de importancia, también yo amo a ese pequeño como a mí mismo. Y si recordamos que Dios no ama a nadie por sus virtudes, ni por sus fortalezas, ni por nada, sino porque siendo amor, Dios ama a pesar de nuestros defectos, vicios y el más horrible de nuestros odios, y si recordamos también que Dios nos llama a alcanzar su bondad, entonces, lo que tenemos es que Jesús estaba diciendo a sus discípulos, los que se disputaban el asiento principal, miren, yo les amo a cada uno como me amo a mí mismo, no puedo amarte más, hagas lo que hagas.

El Dios desconocido

Jesús, al poner ese niño desconocido en el centro, literalmente en el centro, hace que lo grande sea amar; con independencia de a quién se ama. Porque si Dios considera al más chico como si fuera Dios, ¿qué interés tiene estar por encima o debajo de nadie? ¿Cómo puede uno adelantar a Dios? Jesús, al poner ese niño desconocido en el centro, literalmente en el centro, te pone a ti también en el centro; yo me encuentro con Dios cuando me encuentro contigo.

Quizás la llamada de esta parte del Evangelio sea a practicar la compasión por la compasión misma. Quizás sea abandonar el apego a la propia situación social de cada uno –y recordemos que cada iglesia es una pequeña sociedad-, sonreír y amar entonces sin reservas.

Amén.


Volver a la Portada de Logo Paperblog

Dossier Paperblog

Revistas