Revista Diario

Si 1Q84 se hubiera escrito en ROMA

Publicado el 25 febrero 2019 por Jordi_diez @iamxa

Resultado de imagen para 1q84Anoche acabé, después de maratonianas jornadas de lectura, “1Q84” de uno de mis escritores preferidos, Haruki Murakami, y lo cierto es que creo que a mi edad ya no debería perder el tiempo de esta forma.
Creo que el señor Murakami, que me ha hecho disfrutar de una manera brutal con su Norwegian Wood (Tokyo Blues), cargó la batería de su computadora con plutonio y se puso a escribir una trama sin pies ni cabeza en la que continuamente da trazas de su talento, descripciones espectaculares, personajes magníficos, escenarios “murakámicos” extraordinarios, pero en la que a la hora de ligar todo eso le falló la mano del mortero y le salió un all i oli aguado, insípido, inconexo e inacabado. Mi abuelo, que en paz descanse, y que era el encargado de hacer el all i oli en casa, cuando le salía mal siempre decía que era porque alguna mujer con la regla había entrado en la cocina, jejeje, no sé si ha sido este el caso del señor Murakami, pero la verdad es que dentro del despropósito de la trama añadir un elemento escatológico al estilo del caca, pedo, culo, pis es lo único que le habría faltado.
Y si bien como decía hay algunas descripciones, personajes y pasajes de la novela que son impresionantes, como la noche que pasan juntos Fukaedi y Tengo, de la misma forma uno se pregunta qué narices pasa con la primera, o qué ocurre con el detective, el padre, Vanguardia, la amante de Tengo, el editor, el profesor, y todo el reguero de personajes que aparecen en la novela, que cobran una dimensión importante en un momento y que de repente desaparecen, pero no porque les pase algo, sino porque parece que el autor se olvide de ellos… ¿Cómo puede aparecer un personaje, amenazar a uno de los protagonistas durante varios capítulos, y de repente no salir más ni el, ni la amenaza, ni nada que se le parezca? 
No sé…, me encanta como describe el señor Murakami, pero creo que en 1Q84 o bien nos ha gastado una broma, o ha querido hacer algo que no le ha salido bien, o ha dejado todo en el aire para ir estirando el chicle del proyecto y así seguir vendiendo miles de libros, de verdad que no tengo idea. Ahora bien, de lo que sí estoy seguro es de que si alguno de los autores independientes, por nombrarnos de alguna manera, hubiéramos escrito esta novela no habríamos encontrado editorial en el mundo que la quisiera publicar y las ventas se contarían en base a los familiares y amigos que se la hubieran descargado por compasión.
Además es curioso, porque justo he acabado esta historia la noche en que la película ROMA ganaba un par de Oscars. Está bien, más allá de que la película me parece soporífera, me alegro por su director, por todos los mexicanos de bien que se sienten identificados, así como por los laboratorios de blanco y negro, que deben haber pasado mucha hambre en estos últimos años, pero no dejo de ver un cierto paralelismo entre 1Q84 y ROMA, pues en mi opinión ambas están extremadamente sobre dimensionadas y dudo mucho de que ninguna de ellas aguante el paso del tiempo. Recuerdo que hace algunos años, cuando Steven Spielberg no había ganado aún ningún Oscar decidió hacer una película lacrimógena en blanco y negro y se llevó sus primeros muñequitos dorados, como The artist, un bacalao infumable del que nadie ha vuelto a hablar y que ni siquiera repiten en televisión. Recuerdo también que justamente ésa fue una de las primeras advertencias del señor Moisès Serra en su curso de fotografía, “una mala foto no se arregla ni pasándola a blanco y negro”, pues eso, tomando las palabras del insigne fotógrafo sabadellense, una novela pesada e inconclusa no se salva ni aunque la haya escrito el eterno aspirante a Oscar, perdón, a Nobel.

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