Ayer nos fuimos a los chinos a que nos dieran un masaje, y se nos quitó un poco el estrés. No se nos quitó del todo porque en media hora no se hacen milagros, pero como los chinos no hablaban inglés (ni para decir buenos días) pues no tienes que hacer como que te apetece hablar del tiempo mientras te quitan el nudo de la espalda. Y eso se agradece.
Porque aquí eso de los masajes es como muy "a ver qué hago, no vaya a ser que me denuncies" y notas que van con pies de plomo. Mi Jorge y yo nos dimos el masaje en la misma cabina y ya no nos llamó la atención que nos toquetearan con una sábana por encima, no vaya a ser que se nos viera un poco de carne y se liara.
Y claro que en algún momento se ha debido de liar un poco, porque cuando terminaron nos dimos cuenta de que había por allí un cartel en el que aclaraba que las tetas y los genitales no se masajean bajo ningún concepto, y que si por lo que sea te tienen que tocar el glúteo te tienen que pedir permiso. Y que si te pones un poco cachondo por el roce que no te preocupes, que rápido se pasa, que es normal.
El masaje fue doloroso y bueno, la verdad. Me quitó un poco la mala leche el día anterior, cuando me echaron la bronca por hacer mi trabajo y por seguir los procedimientos administrativos que los que mandan me han dicho muchas veces que siga. Según me caía yo no entendía nada, luego me defendí un poco y luego me callé porque hay cosas que no merecen la pena. Y pensé un poco que esto es muy de cartón piedra, y hay veces en las que se nota mucho.
Salí del cole cabreada y me fui con mi Jorge a hacer la compra y le empecé a contar lo que me había pasado: que si fíjate lo que me han dicho, que hay que ver, que el día que pase algo ya verás, que si lo has puesto por escrito para que quede constancia, que sí, que de esta gente no me fío... Y así.
De repente estamos pasando por el pasillo de los detergentes y se empieza a oír a todo trapo "La Gallina Turuleca", la de los Payasos de la Tele. Mi Jorge va y suelta sin saber de dónde venía el ruido: "¡Ah! ¡Claro! ¡Que estos eran cubanos!" y seguimos andando mientras discutíamos si era Turuleca o Turuleta, que eso nunca ha quedado claro.
Llegué a casa y pedí hora para el masaje: a mí tanto cruce de cosas a veces me trae loca.
