Ayer puse una queja sobre la calefacción de mi apartamento en el ayuntamiento de mi realidad paralela, y ya se ha solucionado todo. Yo no sabía que hay sitios en los que te quejas y te hacen caso, me he quedado un poco como "así", desconcertada, no sé.
En las últimas veinticuatro horas he puesto un tweet al ayuntamiento de aquí, me han respondido, he puesto varios mensajes privados, ha venido un inspector a mi casa, no me ha encontrado y me ha dejado su tarjeta en el quicio de la puerta, le he llamado, no le he encontrado, el inspector ha vuelto a mis apartamentos a hablar con los que mandan, y los que mandan me han llamado para pedirme disculpas y decirme que se les han pasado mis siete quejas por escrito desde octubre, pero que van a investigar y que a partir de ahora mi apartamento va a estar muy caliente siempre. Que por favor no dude en quejarme siempre que sea necesario.
Es todo muy raro. Vale que una ya sabe de qué va esto de los apartamentos viejos y asequibles de las grandes ciudades americanas; que se cuidan poco y mal, que suelen tener alguna que otra cucaracha, y que a veces tienen una moqueta marrón horrible para que se disimulen los desperfectos y para que el de abajo no se queje mucho por el retumbar de los pasos. Y con la calefacción siempre a tope, que a veces o te quedas en pantalón corto o tienes que abrir una ventana porque no se puede aguantar de lo alta que está.
Pero no, este año no. Se ve que como los que mandan le ponen poca pasta al mantenimiento del edificio las tuberías petan y nos quedamos sin calefacción a las peores horas, normalmente de noche. Entonces llamas a una línea de emergencia, cogen el aviso, no hacen nada hasta el día siguiente y te metes en la cama con el forro polar del Decathlon (el finito, el que no se clava la cremallera) para no coger frío. Con un poco de suerte te pilla de día, bajas a la oficina, te quejas, hacen como que te escuchan, ponen cinta aislante donde la tienen que poner y arreando.
Así hemos contado hasta siete veces desde octubre. Y claro, ayer no me quedó otra que venirme arriba. Ser proactivo, en lugar de reactivo, que es una cosa que aquí se dice mucho y que a mí cada vez me gusta más.
Debo admitir que cuando a las tres horas de poner la queja me encontré con la tarjeta del inspector del ayuntamiento en el quicio de mi puerta casi me caigo de culo. No estoy acostumbrada a tanta celeridad.
