Ayer me preguntaron tres personas diferentes desde España por lo de Florida. Querían saber de qué se habla, qué se siente, qué se dice, y a las tres les dije lo mismo: se habla muy poco o casi nada. Lo de Florida es que un zumbado (otra vez) se ha metido en el instituto del que le echaron hace unos meses, se ha liado a tiros, y se ha cargado a diecisiete personas.
Me llama mucho la atención que en esta cosa de las armas mi realidad paralela sea tan marciana, y que en España la gente alucine tanto. Marciana por lo menos para mí y para los míos, porque si te ganas la vida de profe en España lo que menos te planteas es tener que llevar colgada del cuello todo el día la llave de tu aula. En cualquier momento se puede dar una emergencia, y te tienes que encerrar con tus alumnos, ponerlos a cubierto, apagar la luz, cerrar las persianas y tenerlos en silencio hasta que pase el peligro. Esta semana hemos hecho un simulacro de esta cosa de encerrarse, y se me metieron dos críos en dos armarios donde a mí no me cabe más que una pierna. Me acojoné un poco por si se hacían daño, pero a ellos les pareció super gracioso.
Es el mismo perfil de zumbado que hace meses se metió un una iglesia, del que se metió hace una año en una discoteca, en un hotel o en un concierto, porque aquí el poder llevar armas es un derecho que no discute casi nadie, que está en la constitución y que es sagrado. Muchos prefieren poder tener un arma para pegarle un tiro al que sea en defensa propia que no tenerla, y no hay mucho más que hacer o decir, más que aprender a vivir con ello.
Si te toca son cosas que pasan, empieza el bucle de "nuestros pensamientos y nuestras oraciones están con vosotros" y en un par de semanas a otra cosa mariposa. Porque la realidad es que desarmar a los civiles que tienen armas ahora mismo sería muy complicado, porque la venta de armas es un negocio que da muchísimo dinero, porque en este país la gente vive con unos niveles de tensión alucinantes y porque lo único que te puede salvar aquí de todo es tener una cabeza muy limpia siempre. Y eso es imposible porque son seres humanos, y cuando aquí se te pone el sistema de cara es tremendo.
Son cosas que pasan, igual que en Madrid en los años duros de ETA no te ponías en un semáforo al lado de un coche de la policía o de la guardia civil por si acaso. Te toca y te ha tocado.
