Revista Talentos

Soy un hombre lobo urbanita

Publicado el 16 noviembre 2019 por Aidadelpozo

Sara ha heredado el vello corporal de su madre. Su padre está calvo como una bola de billar, pero mi futura suegra no solo tiene una impresionante mata de pelo sino que sus brazos parecen los de un leñador de Alaska. Peludos es decir poco. Un lobo no podría ser más velludo que ella.
Mi novia es la viva imagen de su madre, pero con veinte años menos. Como la conocí depilada y con una piel brillante y tersa como una manzana royal gala, me sorprendió la primera vez que la vi a la luz de la luna llena aquella noche. Más grande, más fuerte, más velluda, más loba. Sin embargo, a mí siempre me han gustado las mujeres imponentes y Sara lo es durante una noche al mes.
Cuando la luna llena se levanta en el cielo, mi novia se transforma en una fiera. Literalmente.
Llevamos un año juntos y somos una pareja estable y duradera. Creo que esto ha sucedido porque me ha echado una maldición o algo así. Me dio un buen mordisco amoroso esa primera vez y mi barba creció en un milisegundo. A decir verdad, creció mi barba, todo el pelo de mi cuerpo, mis uñas, mis manos, mi...
Enamorarse de una mujer loba es lo que tiene. Ya lo hizo mi futuro suegro, que deja de ser calvo una vez al mes, cuando llega la luna llena y se va con su mujer de marcha por el bosque, dejándonos la casa para nosotros solos. Cuando llega nuestra transformación, Sara y yo corremos por el parque, nos divertimos con los amigos pillando palos y escarbando agujeros en la arena y, si nos entra hambre, zampándonos algún gato callejero. Somos hombres lobos urbanitas y eso es lo que tiene la evolución de nuestra especie, que ya solo se ven lobos depredadores en las pelis de Bela Lugosi. Nosotros somos más de perrear con Ozuna o Alfa. Somos jóvenes y nos gusta eso y comer gatos, claro, ñam, ñam.SOY UN HOMBRE LOBO URBANITA


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