Regresé al dormitorio, ella estaba flácida, sin aire, sin alma. María se había desinflado.
Revista Talentos
Desnudo salté de la cama, buscaba algo para taponar aquella herida por donde a María se le escapaba la vida. Solo encontré gasas y esparadrapo, ¿sería suficiente? Esta vez nos habíamos pasado con nuestros juegos sexuales.
Regresé al dormitorio, ella estaba flácida, sin aire, sin alma. María se había desinflado.
Regresé al dormitorio, ella estaba flácida, sin aire, sin alma. María se había desinflado.
