No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento. No sabía cómo explicarlo pero allá, en su interior, entre esas cuatro paredes, se encontraba el mundo, lleno de imágenes, de olores, de cosas vividas y por vivir. Y sin embargo, aquí fuera, todo se volvía extraño, asfixiante. Tenía la sensación de estar rodeada de mil barreras invisibles que le impedían moverse. Sólo hacía falta volver a cruzar el dintel para estar a salvo.
-Pero ese es tu mundo, no el mío –dijo por fin apretando los dientes mientras pulsaba el botón del ascensor.
NiñoCactus
