Anochecía. Regresaba a casa, abrumada por mis problemas laborales. De pronto, adiviné un objeto, entre las sombras de la incipiente noche. Agudizando la vista, comprobé que era un cochecito de bebé, vacío. ¿Qué habría ocurrido? Algo terrible, seguro. Pero un bebé apareció gateando y, detrás, una mujer. ¡Adiós al misterio!