Hubo una cierta complicidad cuando te vi. Pisé tus piedras y me senté sobre ellas. Caminé hacia ti y dejé que acariciaras mis pies. Esperé y pensé. Mientras retrocedías para volver con más fuerza, dijiste: "Shhh". Callé y escuché. Me pedías guardar el secreto de lo que vivimos aquel día.