Cuarto de preocupaciones lleno
La caspa del tiempo te demanda
Lo que no está ni estuvo
ni estará. La baranda
abierta al abismo. Cómo la viscera
lo sacará a Ud. del entuerto, dígame.
Estaba calvo Aleixandre en fecha tan temprana?
El pájaro de papel en el pecho lo atormentaba?
Y Federico?
***
Oh Einsenstein
Ser la paloma martiniana manchada sucia trigrisácea
Que picotea basura urbana
bajo un árbol vilipendiado de San Antonio
y mira al cernícalo posado en el tendido eléctrico. Su grito
directriz de luz en el crepúsculo
En 10 de julio los sin hogar gritaban en este día de lluvias de 2026
por las ganas la pertenencia el fantasma
La horrible y vertiginosa Iglesia del Sacramento
con el cartelito y el horario de misas
Y Dios como un personaje de western
que necesitaba ducha afeitarse reciclaje
archivo horca
***
Inscripción
Vos y la lluvia en San José, en la parada de la U
te amaba frente al Mural de García Márquez y frente al errático
semáforo. En las comidas dudosas y los almuerzos indecorosos,
en la librería universitaria y el rastro de lo que fue—en mi juventud—la
música nocturna de Radio Universidad de Costa Rica
y cuando buscábamos el pan dulce el paradigma
o cuando me mostrabas los arroyos quietos que rodeaban a la Ciudad
Universitaria
ese arroyo era tu víscera, tu corazón
y en el viaje a Heredia o a Tres Ríos
y en el sábado que íbamos a la Feria de Guadalupe
aunque yo rengueaba
y en las canciones cansinas y monotemáticas que yo tarareaba
todo el camino todo el verano
y en la forma que teníamos de cruzar las calles
y en el designio y en el destino
***
Frutos y goces
I
Pero hoy la mesa abandonada no estaba amparada
Por la columna. Había por otra parte olvidado
los audífonos.
La mesera —calculaba su edad en los grandes espejos—
Iba de un lado a otro; un mínimo estremecimiento de la pupila cuando reconocía al /extranjero.
Quiere la cerveza fría en esta helada
La helada no es tal osaba
responder con su tartamudeo
Intentaba hacer una broma: por fin estoy en la Suda América profunda
No había manera de reír en ella
Como en una diosa vacía de Carlos
Martínez Rivas.
Había fútbol en alguna parte
Había edades confesadas
Había eras del goce y libertinos europeos del XVIII en una película de Albert Serra.
"Yo me agobio a los cincuenta
Pero me agobio hasta doblegarme o exiliarme", oyó decir.
En ese instante comprendió el efecto —dijo, astuto, el afecto—del alcohol.
Recompuso su camisa, único indicio del pecho.
II
Y me acordé del entrenamiento autógeno
Para enfrentar la adolescencia (mi cuerpo era otro por entonces, notas del templo,
una nota que era un bouquet, una nota impasible e intocable) había marcado esta página.
Las arterias del pulgar derecho tan lejanas como la juventud
¿Dónde estaban, ramitos de sangre?
La respiración desandada, sin tanto vericueto documental
El yo rugoso, vejiga existencial, llena y vacía, por vicio arraigándose
Al aire, a la tierra
Cortos textos cinematográficos que armaban mi memoria
El corazón y su paz de caracol
Las mil y una siestas con Ishiguro o Chéjov
El proceso geométrico del planchado de la camisa y del pecho
No ser jesuita
Una espiritualidad como el marxismo que correspondiera a mi clase social
Jardines en claroscuro en patios recónditos en lluvias de goteos como danzas
Pero goteaba la moral franquista en aquella república
Y había que recogerse
III
El sueño. La bahía absoluta, amplia, que llenaban o saturaban visión y deseo. Por eso yo fotografiaba ese absoluto. Un all-over pictórico frente a la bahía en mis ojos y la fotografía. Acababa de llegar. Estaba en Nicaragua. Tarareaba o cantaba Un viejo amor. Aparecía mi madre.
Iba yo a decirle: me sé esa canción que Ud. cantaba y cuando la cantaba decía que esa canción la cantaba su abuela (mi bisabuela). No se lo decía, me asaltaba el pudor.El pudor de la desnudez ante la madre. En cambio del dios masculino del Génesis.
La bahía absorta. El mapa perdido de la ciudad. La desinencia de lo usual entre lo extraño.
IV
La incomodidad. El frío. Los otros que fuman. El inglés. El día. La noche. La urticaria. El intestino. El destino. La edad. La tarde. El olvido. El recuerdo. La presión arterial. El premolar. La nausea. El músico ambulante. La almohada del pordiosero. El papel del libro. El temblor. El polvo. Los insectos. El olor a keroseno. El sexo. La habitación. La mujer que mira. El semáforo. Avenida Portugal. El bar semidesierto. El bar lleno. El pelo. El sexo afeitado. El signo. El designio. La desinencia. Lo que me dijiste. Lo que te dije. El mar. La sirena. Debussy. La recriminación. La desventura. La pobreza. El sueldo. El decir. El hacer. El haber y parecer. El temor. El cine. Mañana. La colación del garzón. De pie. A media tarde. Julio frío. El puñal. El bolero. La corteza. La voluta. La TV incierta. Sakamoto. La mortaja. Es tarde. Vayamos. La orquesta. Dormir. No dormir. El insomnio. El tejido del sueño. La apnea. La crucifixión. La ficción. La marca. Lo pleno. Lo escabroso. El declive. La periferia.
V
Anclas y goznes han sido precisos
para sostener el cuerpo
Uno en el fondo del mar otro en el
fondo del ojo
La sirena modosa que ya no canta
La impresión vaga de una ciudad sobre
la otra
Y el atardecer como ángel raído
el murmullo hecho hoja
Anclas, predios, zapatos
Figuras indianas en la ventana
Gente de cotona en blanco
Óleos para la piel
Cruzaré siempre ese espectáculo
Apilaré piedad y modorra
El aire extasiado de la sequía sobre Santiago
en invierno
El entrelazamiento de las manos de
Algún otro hijo de la revolución
