Revista Diario

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Publicado el 26 agosto 2026 por Isonauta

Cuarto de preocupaciones lleno
La caspa del tiempo te demanda
Lo que no está ni estuvo
ni estará. La baranda
abierta al abismo. Cómo la viscera
lo sacará a Ud. del entuerto, dígame.
Estaba calvo Aleixandre en fecha tan temprana?
El pájaro de papel en el pecho lo atormentaba?
Y Federico?

***

  

Oh Einsenstein

Ser la paloma martiniana manchada sucia trigrisácea

Que picotea basura urbana

bajo un árbol vilipendiado de San Antonio

y mira al cernícalo posado en el tendido eléctrico. Su grito

directriz de luz en el crepúsculo

En 10 de julio los sin hogar gritaban en este día de lluvias de 2026

por las ganas la pertenencia el fantasma

La horrible y vertiginosa Iglesia del Sacramento

con el cartelito y el horario de misas

Y Dios como un personaje de western

que necesitaba ducha afeitarse reciclaje

archivo horca

***

Inscripción

Vos y la lluvia en San José, en la parada de la U

te amaba frente al Mural de García Márquez y frente al errático

semáforo. En las comidas dudosas y los almuerzos indecorosos,

en la librería universitaria y el rastro de lo que fue—en mi juventud—la

música nocturna de Radio Universidad de Costa Rica

y cuando buscábamos el pan dulce el paradigma

o cuando me mostrabas los arroyos quietos que rodeaban a la Ciudad

Universitaria

ese arroyo era tu víscera, tu corazón

y en el viaje a Heredia o a Tres Ríos

y en el sábado que íbamos a la Feria de Guadalupe

aunque yo rengueaba

y en las canciones cansinas y monotemáticas que yo tarareaba

todo el camino todo el verano

y en la forma que teníamos de cruzar las calles

y en el designio y en el destino

***

Frutos y goces

I

Pero hoy la mesa abandonada no estaba amparada

Por la columna. Había por otra parte olvidado

los audífonos.

La mesera —calculaba su edad en los grandes espejos—

Iba de un lado a otro; un mínimo estremecimiento de la pupila cuando reconocía al /extranjero.

Quiere la cerveza fría en esta helada

La helada no es tal osaba

 responder con su tartamudeo

Intentaba hacer una broma: por fin estoy en la Suda América profunda

No había manera de reír en ella

Como en una diosa vacía de Carlos

Martínez Rivas.

Había fútbol en alguna parte

Había edades confesadas

Había eras del goce y libertinos europeos del XVIII en una película de Albert Serra.

"Yo me agobio a los cincuenta

Pero me agobio hasta doblegarme o exiliarme", oyó decir.

En ese instante comprendió el efecto —dijo, astuto, el afecto—del alcohol.

Recompuso su camisa, único indicio del pecho.

II

Y me acordé del entrenamiento autógeno

Para enfrentar la adolescencia (mi cuerpo era otro por entonces, notas del templo,

una nota que era un bouquet, una nota impasible e intocable) había marcado esta página.

Las arterias del pulgar derecho tan lejanas como la juventud

¿Dónde estaban, ramitos de sangre?

La respiración desandada, sin tanto vericueto documental

El yo rugoso, vejiga existencial, llena y vacía, por vicio arraigándose

Al aire, a la tierra

Cortos textos cinematográficos que armaban mi memoria

El corazón y su paz de caracol

Las mil y una siestas con Ishiguro o Chéjov

El proceso geométrico del planchado de la camisa y del pecho

No ser jesuita

Una espiritualidad como el marxismo que correspondiera a mi clase social

Jardines en claroscuro en patios recónditos en lluvias de goteos como danzas

Pero goteaba la moral franquista en aquella república

Y había que recogerse

III

El sueño. La bahía absoluta, amplia, que llenaban o saturaban visión y deseo. Por eso yo fotografiaba ese absoluto. Un all-over pictórico frente a la bahía en mis ojos y la fotografía. Acababa de llegar. Estaba en Nicaragua. Tarareaba o cantaba Un viejo amor. Aparecía mi madre.

Iba yo a decirle: me sé esa canción que Ud. cantaba y cuando la cantaba decía que esa canción la cantaba su abuela (mi bisabuela). No se lo decía, me asaltaba el pudor.El pudor de la desnudez ante la madre. En cambio del dios masculino del Génesis.

 La bahía absorta. El mapa perdido de la ciudad. La desinencia de lo usual entre lo extraño.

IV

La incomodidad. El frío. Los otros que fuman. El inglés. El día. La noche. La urticaria. El intestino. El destino. La edad. La tarde. El olvido. El recuerdo. La presión arterial. El premolar. La nausea. El músico ambulante. La almohada del pordiosero. El papel del libro. El temblor. El polvo. Los insectos. El olor a keroseno. El sexo. La habitación. La mujer que mira. El semáforo. Avenida Portugal. El bar semidesierto. El bar lleno. El pelo. El sexo afeitado. El signo. El designio. La desinencia. Lo que me dijiste. Lo que te dije. El mar. La sirena. Debussy. La recriminación. La desventura. La pobreza. El sueldo. El decir. El hacer. El haber y parecer. El temor. El cine. Mañana. La colación del garzón. De pie. A media tarde. Julio frío. El puñal. El bolero. La corteza. La voluta. La TV incierta. Sakamoto. La mortaja. Es tarde. Vayamos. La orquesta. Dormir. No dormir. El insomnio. El tejido del sueño. La apnea. La crucifixión. La ficción. La marca. Lo pleno. Lo escabroso. El declive. La periferia.

V

Anclas y goznes han sido precisos

para sostener el cuerpo

Uno en el fondo del mar otro en el

fondo del ojo

La sirena modosa que ya no canta

La impresión vaga de una ciudad sobre

la otra

Y el atardecer como ángel raído

el murmullo hecho hoja

Anclas, predios, zapatos

Figuras indianas en la ventana

Gente de cotona en blanco

Óleos para la piel

Cruzaré siempre ese espectáculo

Apilaré piedad y modorra

El aire extasiado de la sequía sobre Santiago

en invierno

El entrelazamiento de las manos de

Algún otro hijo de la revolución


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