The Sandman - Neil Gaiman

Publicado el 30 enero 2012 por Dollida
The Sandman es una serie de comic books, escrita por Neil Gaiman, e ilustrada por un amplia gama de artistas de variados estilos, limitados hacia arcos argumentales o episodios sueltos. Además del co-creador Sam Kieth, otros ilustradores que participaron son Colleen Doran, Mike Dringenberg, Marc Hempel, Kelley Jones, Jill Thompson y Michael Zulli.
Es ampliamente considerada como una de las más originales, sofisticadas y artísticamente ambiciosas series de novelas gráficas. Cuando la historia concluyó y se dejó de publicar, ya se había convertido en un icono popular. The Sandman no pertenece al subgénero superheróico. El primer tercio de la serie prácticamente cuenta historias de terror, pero posteriormente evoluciona al género fantástico, incorporando elementos de mitología clásica y contemporánea
El protagonista de The Sandman es Sueño, la personificación antropomórfica de los sueños mismos. Es conocido por una amplia variedad de nombres, encabezados por Morfeo, pero también Oneiros, el Formador, el Príncipe de las Historias, Cai ´Ckhul y el Arenero (por la leyenda celta acerca de un duende que arrojaba arena a los ojos de los durmientes permitiéndoles así el sueño). Este último nombre da título a la serie (The Sandman), aunque prácticamente es una herencia de otro personaje con el mismo nombre dentro del universo de DC.
La personalidad fría, a veces cruel, de Sueño en las historias que transcurren en el pasado, va evolucionando hasta las historias en la actualidad, donde tras los años de aprisionamiento tiene la oportunidad de replantear sus errores. Pero, ¿cuánto puede cambiar una criatura tan vieja como el universo? Un tema importante dentro de la serie es el de la responsabilidad y sus consecuencias; el contraste entre los deberes que Sueño se impone a sí mismo, y la renuncia a la obligación que Destrucción elige. Gaiman resumió el argumento de la serie como «El rey de los sueños aprende que uno debe cambiar o morir y toma su decisión».


The Sandman es, reduciendo las más de dos mil páginas de la serie a un suspiro, la crónica de las relaciones de una familia disfuncional muy particular: Los Eternos (The Endless), representaciones de los principios básicos y fundamentales del Universo, que nacieron en el alba de los tiempos y que perecerán cuando el fin de la existencia se precipite. Están por encima de criaturas, de planetas, de galaxias e incluso de dioses y son siete hermanos: Destino (Destiny), Muerte (Death), Sueño (Dream), Destrucción (Destruction), Deseo (Desire), Desesperación (Despair) y Delirio (Delirium). La historia que cuenta Gaiman  es una de las epopeyas literarias más sugerentes, poéticas, estimulantes y líricas de finales del siglo XX.  La mayoría de las historias transcurren entre el Sueño, el reino de Morfeo, y el mundo de la vigilia; aunque hay frecuentes escenas en dominios alternos como el Infierno, Alfheim, Asgard, y los reinos de otros Eternos.

"Los Eternos son sólo patrones. Los Eternos son ideas. Los Eternos son funciones de onda. Los Eternos son motivos recursivos. Los Eternos son ecos de la oscuridad, y nada más… E incluso nuestras existencias son breves y están encadenadas. Ninguno de nosotros durará más que esta versión del Universo”. Esta descripción de los Eternos puesta en boca de Destrucción en The Sandman #48 por Neil Gaiman ejemplifica, a la perfección, lo que son los Eternos: seres que corporeizan –y son al mismo tiempo– los distintos aspectos de nuestra realidad; seres que el propio Gaiman ideó, ante su incapacidad consciente para escribir material superheroico, de forma que le resultaran familiares a los lectores habituales de cómics sin ser, en realidad, superhéroes propiamente dichos. Una especie de tour de force creativo en el que el guionista quería, además, retarse a escribir historias sobre entidades que iban más allá de lo superheroico… entidades sin debilidades; entidades todopoderosas.

Los Eternos.

Como resultado de estos pensamientos, e inspirándose en la novela El Señor de la Luz de Roger Zelazny, el británico partió de la base de tres hermanos –Death, Sleep y Destiny, éste último creado previamente por Marv Wolfman– que pronto se convertirían en Death (Muerte), Dream (Sueño) y Destiny (Destino) para pasar, con el tiempo, a constituir un panteón de siete entidades cuyos nombres comenzaban todos –en inglés– por la letra “D”. 
SueñoProtagonista indiscutible de toda la colección, tercero de los siete hermanos y Señor del Sueño, Lord Morfeo –sólo uno de sus muchos nombres– suele tomar la apariencia de un hombre pálido, alto, delgado y moreno, de ojos oscuros sin pupilas en los que a veces refulge la luz, y que viste con ropajes negros como la noche. A nivel emocional es taciturno, insensible, estricto y a veces hasta cruel, aunque tiene un gran sentido del deber, del honor y de la justicia. Se le conocen pocos amigos, tiene poderosos enemigos y su yelmo de batalla (y símbolo) está hecho de la calavera y la espina dorsal de un antiguo dios (semejante a una máscara de gas, lo que supone todo un guiño al Sandman de Gardner Fox). En su gestación influyeron de Oliver Sacks Peter Murphy, pasando por El Fantasma Errante de DC o la novela The Dream Master. Una curiosidad: siempre que habla en el cómic, lo hace con una tipografía blanca sobre bocadillo de fondo negro.
Muerte. La segunda de los siete Eternos en edad y Señora de la Muerte es una encantadora muchacha pálida, delgada y morena que suele vestir de manera informal, y cuyas particularidades más reseñables son portar un Ankh de plata en todo momento y tener perfilado el ojo derecho como si del Ojo de Horus se tratase. Dulce, sensible, simpatiquísima y muy franca, es el segundo personaje con más importancia dentro de la colección y la favorita de un Gaiman que le dedicó dos espléndidas miniseries. Curiosidades: originalmente iba a ser de género masculino, y su aspecto visual es íntegramente mérito de Mike Dringenberg. En realidad, en el guión original de Gaiman debía parecerse a la estrella de rock Nico tal y como aparecía en la portada del disco Chelsea Girl, pero Dringenberg hizo de ella la viva imagen de una conocida suya de la que sólo conocemos el nombre: Cinnamon. Otra: Cada vez que piensa en usarla, Gaiman se asegura de la necesidad de su aparición pensando en el Marlon Brando de Superman y preguntándose si pagaría cuatro millones de dólares sólo por la presencia del personaje en un puñado de viñetas. No es para menos.
DeseoDelgada, bellísima, cruel, maquiavélica y andrógina, Deseo fue concebida por Gaiman para que los hombres nos refiriésemos a ella como mujer y las mujeres creyeran que estaban ante un hombre. Así, la quinta de los siete Eternos, gemela de Desespero, funciona por regla general como la antagonista principal –aunque sutil– de la colección en base a la rivalidad que mantiene de forma unilateral con su hermano Sueño, al que no deja de hostigar emocionalmente cuando la ocasión se le presenta. Su símbolo es un corazón rosa de cristal, y precisamente por su condición de villana Gaiman señaló que en una hipótetica revisión de la historia con ella de protagonista sería su hermano el que le caería mal al lector. ¿Influencias reconocidas? Pues nada más y nada menos que dos: el trabajo de corte Art Deco de Patrick Nagel (tremendamente evidente) y la cantante Annie Lennox.
DesesperaciónLa Señora de la Desesperación es representada en The Sandman como si se tratara de la antigua diosa Tierra; es decir, como una mujer obesa (con formas de embarazada), desnuda y por lo general sentada. En su primera encarnación era algo más alta y lucía intrincados tatuajes, pero en su segunda forma –la que vemos durante la mayor parte de la colección– esos atributos desaparecen. A nivel psicológico es fría, callada e inteligente, y posee la manía malsana de herir su piel gris con un pequeño garfio incorporado al anillo que le sirve de símbolo. De horrible dentadura y con una tipografía a base de letras onduladas e irregulares (casi siempre), la sexta de los siete Eternos se basó gráficamente en un raro libro de fotografías en posesión de Gaiman, y su aspecto fue muy bien recibido por una Jill Thompson cansada de las formas apolíneas de los superhéroes convencionales.
DestrucciónAlto, robusto, pelirrojo y a veces con una pequeña barba, el cuarto de los Eternos era la encarnación de la mismísima Destrucción hasta que decidió rebelarse y abdicar de sus funciones. Desde entonces se dedica a vagar por la creación emprendiendo proyectos creativos y constructivos con mucha pasión y poco talento, para desgracia de unos hermanos que se refieren siempre a él como “El Pródigo” o “El Hermano” en señal de su ausencia. Como detalles significativos tenemos su símbolo –la espada–, los bocadillos con borde grueso a través de los que se expresa y su semejanza buscada con el actor Brian Blessed, conocido por hacer de Ricardo IV en la mítica serie La Víbora Negra, por su rol de Augusto en Yo, Claudio o por su papel de Príncipe Vultan en Flash Gordon.
Destino. El mayor de todos los Eternos es un hombre ciego que viste una túnica con capucha de un color que oscila entre el gris, el marrón y el púrpura. Encadenado por siempre a un Libro que nunca para de leer en sus hermosos jardines, y que contiene todas las cosas que pasaron, pasan y pasarán hasta el fin de los días –y que es, a su vez, su símbolo– suele ser parco en palabras; palabras que, cuando son pronunciadas, suelen ser metafóricas y de difícil interpretación (además de ir siempre en cursiva). Su primera aparición en el mundo del cómic data nada más y nada menos que de 1972, y sucedió en el primer número de la cabecera Weird Mystery Tales. Su propiedad intelectual, por tanto, recae en Marv Wolfman y Bernie Wrightson, y no en un Gaiman que simplemente se limitó a reutilizarlo sin apenas cambios sobre la caracterización original. Una curiosidad: posee su propia miniserie.
Delirio. La más joven de los Eternos se llamaba originalmente Placer (Delight, en inglés) hasta que un suceso traumático la convirtió en Delirio, una chica joven, de múltiple color de pelo, con mirada ausente y de comportamiento excéntrico y bipolar. Va vestida siempre con una ropa descuidada y colorista, sus apariciones suelen ir acompañadas de poperos destellos de color (que operan también a modo de símbolo), sus palabras rara vez tienen sentido (algo expresado a nivel tipográfico con fuentes variables) y su única característica permanente es el color de sus ojos: uno verde esmeralda y el otro azul grisáceo (en alternancia entre derecho e izquierdo). Para crearla, Gaiman se basó tanto en una foto inespecífica que le llamó la atención como en Kathy Acker o Tanaqui C. Weaver (una estudiante de Oxford), si bien el parecido con Tori Amos (a quien Gaiman no conoció hasta años más tarde) es más que evidente. No obstante, Gaiman admite que también hay mucho de Jill Thompson –la profesional que más la ha dibujado– e incluso de sí mismo en el personaje.
Personajes Secundarios
Incluso en el diseño de personajes secundarios, Gaiman se muestra brillante: la Mujer Elemento que ansía el descanso eterno, el hombre que se niega a morir y se encuentra con Sandman cada siglo y desvela la soledad en el alma del Eterno, la gata que sueña con un día en que su especie domine a los humanos, el niño de la public school inglesa abandonado por su padre y que tiene como único amigo a un fantasma, esa Hettie con más de doscientos años, dispuesta a vivir otros doscientos y loca como una cabra, los hermanos Caín y Abel, cuya relación amor-odio es espléndidamente explorada por Gaiman; incluso los villanos como el Doctor Destino, o el Corintio, o personajes clásicos del staff de DC como Mister Miracle y el Detective Marciano nos son mostrados en toda su profundidad con sólo dos pinceladas. 
La labor de Neil Gaiman como narrador en The Sandman tiene múltiples lecturas. Como constructor de una mitología propia es un creador nato, capaz de aunar la erudición y la refundación de múltiples referentes (clásicos, literarios, artísticos, mitológicos) en un todo homogéneo e integrado que supone una de las obras más notables de finales de siglo. Tan implicado está en ella que prácticamente cualquier trabajo que hubiese hecho antes o después ha se tildado de menor. De hecho, podría describirse al inglés como un guionista de una sola creación, absorbido y consumido por ella; inevitablemente marcado por un cómic que debiera haber sido el broche de oro en su carrera y que concibió demasiado pronto. Lo que más asombra de él es lo que ya fascinaba en Tolkien: la generación casi de la nada de un mundo propio, sugestivo, lírico e inmenso. Un mundo en el que el lector desea perderse y sumergirse cada vez más. Todo lo que se lea antes y todo lo que se lea después queda inevitablemente marcado por la comparación y la referencia con The Sandman. 
Contenido extra:
Ensayo "La Materia de los Sueños", de Rodolfo Martinez.