Es verdad que no puede negar la influencia de Bob Dylan en su música. Es dificil imaginárselo rodeado de nieve sueca y no en el porche de una casa de madera cerca del Mississippi.
Es todo un espectáculo, pero sin ningún tipo de artificio, ni de confetti, ni de performance. Se trata sólo de él, con sus piernas canijas, moviéndose por el escenario con su guitarra al cuello. Y es muy divertido. En serio.
Da igual si alguna letra agujerea tu corazón. Sales del teatro con una sonrisa en la cara, deseando que The Tallest Man on Earth vuelva un día a visitarte y hacerte más digerible una jornada que no haya salido demasiado bien.