creyendo que todo ha sucumbido
de seres alados,
despiertas del sueño eterno
para saberte en el nuevo día.
Si estás que no estás
como un fantasma perdido,
y rezas, maldices, te emborrachas,
fumas y malvives,
entonces, tu cielo
aparece claro.
Los óleos de la memoria
engullen los témpanos del camino,
las cartas de amor amarillentas,
canciones de vencidos
inclinando las rodillas sobre la ceniza.
Lástima de tiempo perdido.
Carlos Gargallo (c)