Al volver, me dio por pensar que la cita había sido una ensoñación producida por mis ansias de compañía. Tantos detalles no podían ser verdaderos. Persona apuesta, galante, inteligente, nada pretenciosa. Atendí al contestador. Su voz sí que me pareció real: "Te he esperado durante dos horas. Adiós para siempre".