Entre miraditas y sonrisas deshojaron la primavera. Para mediados del verano recogieron su cosecha de caricias. El otoño les sorprendió en plena embriaguez de besos, pero solo con los primeros fríos del invierno descubrieron el fuego. Desde entonces, continúan atizando las brasas y, a veces, hasta se equivocan de estación.