Biblioteca de Santiago nº 14. Vamos avanzando, gracias a la BDS, en lo que arbitrariamente denomino como la etapa o era intermedia de Stephen King, ubicada, con perdonable margen de error, a lo largo de los noventa y dos mil. Todo es eventual es un conjunto de cuentos, catorce en total, 14 relatos oscuros como dice la portada. Pienso que, si King ha ido demostrando una calidad decreciente a lo largo de los años en lo que respecta a las novelas, a su narrativa larga, debo decir que sus cuentos han mantenido una media de calidad sobresaliente a lo largo de su carrera. Todo es eventual es otra buena prueba de ello.

Vayamos por partes, entonces.
Sala de autopsias número 4 es un tenso, asfixiante y algo desesperante (en el buen sentido) relato sobre un hombre atrapado en su propio cuerpo, su consciencia libre como un río aunque por fuera no se mueva ningún músculo, como si estuviera muerto. Y ese es el problema. Como indica el título, el protagonista es llevado a una sala de autopsias en donde procederán a, bueno, analizarlo, a menos que ocurra algo que lo devuelva demostrablemente a la vida. Aderezado con un negro sentido del humor, este cuento sigue la angustia perpetua de este personaje desde que despierta, cobra consciencia de la gravedad de su situación, hasta que ya perece inevitable que le abran el cuerpo en canal. ¿Podrá salvarse o seremos testigos de esas memorables y macabras escenas que King describe tan perturbadoramente bien cuando se pone malévolo?
El hombre del traje negro es un caso interesante. No me parece un graaaaan cuento, en tanto lo que cuenta es la enésima historia de un mortal común y corriente siendo visitado y acosado por el malo supremo, pero está muy pero que muy bien escrito, con una habilidad evocadora impresionante que recuerda a la mejor prosa de King. En este caso el protagonista es un muchacho que, luego de hacer los deberes, se va a pescar al río que corre detrás de su granja. Estamos hablando de principios del siglo pasado, cuando la naturaleza no había sido violada ni horadada por la hambrienta y codiciosa mano del hombre, cuando un niño pasaba las tardes recorriendo los bosques que rodeaban la granja familiar, respirando y caminando al unísono con la naturaleza. King te describe y transmite maravillosamente bien todo eso: la naturaleza, la vida de campo, con sus bellezas y durezas, plácida y severa, la vida familiar... Casi puedes sentir el roce de las hojas o las ramas, el tacto suave de los senderos, el murmullo del río, la calidez de los rayos solares, el grácil y eterno azul del cielo, el susurro de los trigales, y el miedo, la desesperación, la peste, el temblor del mal personificado en un hombre vestido de negro decidido a incordiar a un muchacho pescando a la vera del río. Supongo que todo esto hace que sea un excelente cuento, sin duda: una historia argumentalmente normalita elevada magistralmente por la prosa de su autor, que curiosamente no le tenía fe al relato.
Todo lo que amas se te arrebatará. Interesante título para un cuento también interesante aunque no del todo memorable. Es sobre uno de esos agentes/vendedores que trabajan recorriendo las carreteras, de Estado en Estado, que comenzando una tormenta de nieve llega a un motel cualquiera a descansar, o peor, a suicidarse. Este cuento es un ejercicio introspectivo, de la vertiente más psicológica de King, quien, como vimos en Carretera maldita, es perfectamente capaz de describir y transmitir estados psicológicos desesperados, desamparados, oscuros y ahogados. No es el caso en este cuento, apreciable y estimable, pero que no logra profundizar en la construcción de su protagonista, en su desesperanza o pesimismo vital que lo tiene al borde del abismo, y que no es más que la excusa que King encontró para lo realmente interesante del cuento: ser un compendio de esos rayados en las paredes de los baños, de las cabinas telefónicas, etc., que el mismo autor "colecciona" en una libreta al igual que su personaje, que entre reflexión y reflexión sobre pegarse un tiro o dormir para levantarse al otro día y seguir su camino, especula con los posibles significados de algunos rayados más crípticos y surreales. Por ejemplo: todo lo que amas se te arrebatará, garabateado en el cubículo inmundo de una zona de descanso.
La muerte de Jack Hamilton. Acá tenemos uno de esos entretenidos y notables ejercicios en donde King se sale un poco de su zona de confort, narrándonos, como indica el título, la muerte de Jack Hamilton, que resulta que fue uno de los compinches de Dillinger. El narrador es otro de los compinches, uno de los compinches que sigue vivo para contarla, y no sólo nos cuenta la última malograda aventura del tal Hamilton, sino que también una que otra cosa más sobre Dillinger y su pandilla. Un relato criminal con todas sus letras, un ejercicio pulp de esos bien jugosos y sabrosos, una delicia para los amantes del género. Y yo me pongo a pensar: ¿por qué demonios King no es capaz de escribir algo así para la Hard Case Crime? Estoy seguro que el bueno de Steve-O podría mandarse una magnífica, sangrienta, violenta, grosera, rotunda novela de gángsters si se lo propusiera: una historia con una buena trama, con una buena descripción de la violencia y el lado oscuro humano, además de excelentes personajes y elaboradas tramas, todos aspectos en los que King ha demostrado talento y oficio de sobra (y vergonzosos patinazos, cierto, pero sus cumbres son más grandes y más numerosas, eclipsan sus escandalosos tropiezos). En lugar de ello, para la HCC ha escrito naderías insulsas adolescentes como Después o Joyland, y apenas salvaría Colorado Kid. En fin, a estas alturas dudo que King se lance con una novela de mafiosos.
En la habitación de la muerte demuestra y confirma lo que decía del cuento anterior. Éste no es de mafiosos ni nada de eso, pero es también un cuento violento, realista a su modo (nada sobrenatural, quiero decir), en donde el peso del relato, tenso y reconcentrado, se sostiene en la construcción/descripción de unos personajes rodeados de un enigma, de una maraña de misterios o mentiras. Estamos en un país centroamericano, en una dictadura típica de los ochenta, el protagonista es un periodista gringo conducido a una habitación en donde será interrogado por tres siniestros personajes, todo custodiado por un gorila de mal carácter. Si no responde correctamente, podrán imaginarse qué clase de castigos vendrán. El protagonista, que es el narrador, tiene que escapar. Pero cómo, esa es la pregunta: parece imposible, uno contra cuatro. Así las cosas, tensión psicológica se suma a la tensión del ambiente, de una atmósfera pesada y viciada como un salón para fumadores, e insisto en lo mismo: cuando quiere, King puede escribirte historias "desencasilladas" como si nada, imaginen si este cuento se expandiera en forma de adulta y negrísima novela de aventuras y espionaje... La escena en esta habitación de la muerte se pone violentísima y hay imágenes que no se quitarán de la cabeza. Excelente cuento.
Las Hermanitas de Eluria. ¡Primer encuentro que tenemos con la saga de La Torre Oscura! Se supone que Las Hermanitas de Eluria es una precuela, en términos cronológicos es lo que sucede más temprano en toda la saga, poco antes de lo que acaece en El Pistolero. Con todo, para mi propia sorpresa y perplejidad, debo decir que no me ha gustado esta historia, que califica de novella, novela corta. Digamos que el mundo en sí luce sumamente interesante, también que al inicio parezca una especie de weird western con malas pulgas, además de ese particular lingo que sale a relucir ocasionalmente y un poco de la mitología interna que mueve los engranajes de este oscuramente fantástico universo. ¿El problema? La trama en la que se ve envuelto nuestro pistolero es bastante rutinaria y predecible, eso en primer lugar. En segundo, ese tono polvoriento y semi-adulto del inicio, como cínico y descreído, irónico o desencantado, comienza a ponerse muy juvenil, pero en el peor sentido: la narración se vuelve cursi y condescendiente, paternalista, como si King nos estuviera dando palmaditas en la cabeza y de repente la trama, en lugar de ser un ejercicio de género y atmósfera, pasara a ser un relato pedagógico, una fábula infantil medianamente sombría. No deja de ser llamativa esa transformación. Tercer punto, nada de lo que se nos describe es muy original que digamos; se les cambia el nombre y todo eso pero las criaturas a las que se enfrenta el pistolero no dejan de ser zombis, vampiras y fantasmas, con sus peculiaridades y particularidades, pero en esencia lo mismo de siempre. La guinda de la torta: otro burdo deus ex machina que el bueno de Steve se saca de la manga sin pudor alguno. A Annie Wilkes no le gustaría nada, oh no. Ignoro si estas hermanitas de Eluria tendrán mayor peso en la trama de La Torre Oscura en alguno de sus siete libros principales, en cualquier caso he tomado nota de ciertos detalles, pero lo importante es que esta novella es de una intrascendencia total. Algo me dice que más pronto que tarde llegaremos al primer libro de esta saga, ya veremos qué tal entonces.
Todo es eventual. Otra novella. Claramente un antecedente de El instituto. Narrada en primera persona por un muchacho que no tenía nada salvo una madre que lo trataba mal, un pésimo empleo en donde un par de compañeros se burlaban de él, con suerte un par de amigos y un futuro negro, un presente nada prometedor, sólo la promesa de la miseria, miseria eres la más honesta tus palabras como un cerco de púas marcadas quedan, entonces llega un hombre y le ofrece un empleo sinigual, un empleo feliz, un empleo que no parece empleo: básicamente vivir a su anchas mientras, de vez en cuando, como si de un hobby se tratara, hace cosas con un talento muy peculiar que tiene. La gracia de esta historia es que comienza siendo bien realista, con ese tono medio desenfadado propio de su protagonista, pero poco a poco va adquiriendo tintes fantásticos para nada desmadrados, sólo esas habilidades sobrenaturales que algunas personas desarrollan ejercidas sin espectáculo, como un empleo banal. Con ello además viene un dilema moral para el protagonista, primero cegado por ese provecho material en el que vive, luego ya más abierto a cuestionar la naturaleza de su empleo, que intuye mucho más turbio y siniestro y deshonesto de lo que se lo pintaban. Nada del otro mundo, pero es una historia bien narrada, con buenos personajes y, por suerte, nada de cursilerías, pedanterías ni paternalismo. Todo es eventual > El instituto. Escrito queda.
La teoría de L.T. sobre los animales de compañía. Divertido y ágil relato en modo anécdota sobre un hombre que nos cuenta la historia de un colega suyo del trabajo, un hombre solitario abandonado por su mujer, un hombre solitario al que le gusta contar a los demás la historia de su amor fallido, una historia en donde las mascotas del matrimonio, un perro y un gato que se llevan mejor que el marido y la esposa, parecen ser las figuras estelares de la función. Un cuento muy entretenido y ligero que, de manera interesante, va tomando un giro tenebroso hacia el final, seguramente dejando sin palabras a más de alguno.
El virus de la carretera viaja hacia el norte es uno cuento que recuerda deliciosamente a los primeros cuentos de Stephen King, aquellos cuentos malsanos y enfermizos, como escritos por un loco de remate sin remedio ni salvación, que se regodean en su lodazal de sangre y violencia y maldad pura e imparable. Un escritor compra un cuadro en una de esas ventas de garage; el cuadro es de temática grotesca y de terror, como la escena de un slasher, un fotograma pictórico. El problema es que el cuadro parece moverse, el problema es que no sólo parece moverse, sino que parece moverse dirigiéndose hacia ciertos lugares muy concretos. ¿Podrá el escritor librarse de sea lo que sea que signifique esa pintura tan amenazante? Un cuento que es puro King: atmósfera opresiva, vibrante recreación del miedo y sensaciones semejantes, locura y violencia y crueldad, su prosa precisa y paciente y algo sádica...
Almuerzo en el café Gotham es otro glorioso cuento de un King en estado de gracia, pero más aún que en el anterior cuento, estamos hablando de un King rabioso, enloquecido, arrebatado en una endemoniada espiral de sinrazón y violencia. Lo más gracioso, lo más genial, es que este cuento no tiene nada de sobrenatural, es un cuento perfectamente realista, pero es un cuento que es terror puro de la misma manera en que la primera "The Texas Chainsaw Massacre" lo es: terror como impacto, terror como experiencia inconmensurablemente espantosa. Un matrimonio en proceso de divorcio se reúne, abogados mediante, en un restaurante de Manhattan para tratar los detalles del caso. No entrarán mucho en detalle, eso sí, porque el infierno se desata como una feroz erupción volcánica y no hay quien lo pare, sólo queda intentar sobrevivir. Sólo queda decir: IM-PRE-SIO-NAN-TE. De los mejores y más brutales cuentos que Stephen King ha escrito jamás.
Esa sensación que sólo puede expresarse en francés. Tiene su gracia este cuento, sabe jugar con el desconcierto y la desorientación, la confusión. Ese es el principal leitmotive del relato, el de no saberse bien ubicado en la realidad, dónde estamos, quizás, mejor dicho, cuándo estamos. Pero, siendo honestos, tampoco es un cuento muy memorable o genial, sí es solvente, bien logrado, etc. Yo no me sentí taaaan interesado ni atraído ni subyugado por la experiencia que proponía, que tampoco es el colmo de la originalidad. Pero si les gustó la película "Triangle", quizás les guste este relato, que por lo demás tampoco es muy violento ni pródigo en imágenes o descripciones impactantes. Un cuento blandito, como de relleno. No es malo, eso aclarémoslo, pero no se pierden nada por no leerlo.
1408. Otro sensacional y magistral cuento de Stephen King, otro relato de terror puro. Pura atmósfera, puro miedo, pura inquietud y claustrofobia. La verdad es que me dio cosa leer este cuento, por momentos podía ser muy evocador, aunque evocara sensaciones tan aciagas y desasosegantes. Tan sólo diré: un escritor de libros sobre fenómenos paranormales llega a una habitación de hotel que tiene muy mala fama. El escritor no cree mucho en estas cosas, hace caso omiso de las advertencias del encargado del hotel. Cuando entra en la habitación, ¡bum!, ahí tienen su cuento de terror puro y duro, otro de los grandes cuentos que King ha escrito jamás.
Montado en la Bala. Si "Eraserhead" es la película más espiritual de David Lynch, quizás por motivos muy similares Montado en la Bala también sea una de las historias más espirituales y descarnadas de Stephen King. Se nota cuando un escritor escribe con las tripas abiertas en canal. El mismo King dijo que lo escribió cuando su madre se estaba muriendo, lo escribió con el dolor de la pérdida vivo en cada vena. Es un cuento muy bello, muy hermoso, muy conmovedor, y lo es porque a la vez es un cuento sumamente siniestro, gótico, oscuro, triste. Es sobre un muchacho universitario que tan pronto como recibe la noticia de que su madre ha sido hospitalizada producto de un derrame cerebral (o algo así) se lanza a la carretera para llegar donde ella haciendo autostop. En el camino, ya de noche, cuando no le queda mucho para llegar al hospital, lo recoge un personaje muy peculiar, que tiene muchas cosas interesantes que decirle al aturullado y expectante muchacho. A fin de cuentas, es un cuento sobre la muerte: sobre lo inevitable de la muerte, pero sobre lo impredecible de la muerte; sobre lo invisible de la muerte, sobre que nadie piensa en la muerte hasta que se presenta frente a ti, ¿hasta que es demasiado tarde? Y no tiene por qué ser así, ¿cierto? En última instancia, y he acá lo hermoso que nos dice King con este cuento, que es entonces un cuento sumamente vitalista y humanista, lo que nos dice es, atentos: que SÍ podemos vencer a la muerte. ¿Cómo? No dando la vida por sentado, abriendo los ojos, disfrutar a pleno pulmón y pleno corazón del aire que respiramos, la tierra que recorremos y, por supuesto, las personas que conocemos y que amamos: no tenerle miedo a la muerte, que en el fondo siempre nos ha acompañado furtivamente, porque hemos sabido vivir, porque hemos sabido existir. La muerte será dura, será implacable, pero también te puede enseñar una o dos lecciones sobre la vida, y eso no te lo dicen en la escuela ni en la iglesia ni en ninguna parte, puede que en algunas novelas o cuentos.Gran, excelente y precioso cuento. No deja de sorprenderte y maravillarte mientras lo lees.
La moneda de la suerte es una modesta y pequeña maravilla en donde King vuelve a demostrar que sin el lado humano, sin la emoción, no hay magia o fantasía (o terror, por mencionar otra "casilla" dentro de la que suele encerrársele) por más que te inventes toda clase de parafernalias. Una mujer que trabaja como mucama en un motel de carretera recibe como propina una miserable moneda, para más remate con un papelito que indica que la susodicha es una moneda de la suerte. Burla o no, verdad o no, lo cierto es que la mucama tiene que seguir trabajando, tiene un hijo, tiene una hija, tiene deudas y tiene sueños que cuestan millones de monedas de la suerte. La diferencia entre la realidad y la fantasía puede ser abismante, puede haber millones de dólares de diferencia entre cada una. Sólo basta con meter dicha moneda en una máquina tragamonedas para comprobar si está tan encantada o no. Este cuento también tiene otra lección, otra reflexión que personalmente me toca porque es algo que no dejo de preguntarme mirando cómo va girando el mundo: el dinero... ¿hacemos todo lo posible por acumularlo... o para deshacernos de él? ¿Cuál es el verdadero valor de una moneda? Este cuento es mucho más triste, crítico y nihilista o existencial de lo que aparenta. Si lo piensan bien, es un mazazo que cuesta digerir. Para leer más de una vez.
En resumen, este volumen de cuentos es de una calidad sobresaliente. Solamente el cuento ambientado en el universo de La Torre Oscura y ese otro sobre el déjà vu no me han gustado, todo el resto vale la pena leer, sin mencionar que tenemos al menos cuatro genialidades, cuatro magistrales piezas cuentísticas: Almuerzo en el café Gotham, Montado en la bala, La moneda de la suerte, 1408 y El virus de la carretera viaja hacia el norte, quinteto de antología.Otra cosa que quiero mencionar. Detesto que se encasille a Stephen King, ya sea a manos de sus admiradores como de sus detractores. King escribe más que sólo cuentos de terror y de fantasía o magia; King puede escribir condenadamente bien, y lo hace, historias realistas, sociales, incluso políticas, poéticas y de tipo slice-of-life. Es un gran observador de la realidad, además de ser un gran observador psicológico. Como dije más arriba, el terror de calidad, en tanto género, en tanto efecto, sobresale del mero terror de pacotilla precisamente porque parte de una base realista y psicológica: no puede haber buen terror con personajes planos en escenarios de cartón: King se adentra en los recovecos internos de sus personajes y nos construye asentamientos humanos en los que puedes caminar de lo bien que terminas conociendo dichos lugares, y por eso sus mejores historias son tan terroríficas: porque los conocemos por dentro y por fuera, a flor de piel. Por lo demás, también detesto que se simplifique y malinterprete el concepto de magia: la magia es creer, la magia es una cuestión de fe: la magia, como la belleza, está en el ojo, en el alma de la persona. Hay más magia en el cuento La moneda de la suerte que en Cuento de hadas, esa insustancial novela de 800 páginas (que sí tiene unas buenas y mágicas 300 primeras páginas, curiosamente cuando la cosa transcurría en el mundo real).Como sea, ha llegado el momento de poner fin a esta entrada. Si les da algo de pereza leer novelas de King, por último denle una oportunidad a sus cuentos. Y si no les da pereza nada de King, nada más hay que decir.
