Revista Talentos
El terreno era muy inestable. Tenía que estar muy atento a lo que mis metatarsianos, en la penumbra nocturna, iban esquivando. Tampoco ayudaba la falta de luz selenita. Pero ya quedaba poco para llegar a mi lugar de descanso. Debería pensar en cambiar de osario. Demasiados fémures y escápulas impertinentes.
