El prisionero escuchaba el conteo mientras rascaba la pared detrás de su cama. Lo que para muchos era tortura, para él era aliciente de libertad.
Revista Talentos
"Uno, dos, tres...". Sin pausar se oía la voz cantar los números, siempre igual, del uno al diez, luego un silencio y vuelta a empezar.
El prisionero escuchaba el conteo mientras rascaba la pared detrás de su cama. Lo que para muchos era tortura, para él era aliciente de libertad.
El prisionero escuchaba el conteo mientras rascaba la pared detrás de su cama. Lo que para muchos era tortura, para él era aliciente de libertad.
