"¡De payaso nada, so cobarde!", le gritó su padre encaramado en el trapecio, dando después un impecable salto mortal. Él guardó silencio y caminó lentamente hasta su refugio, allí donde la soledad se precipita con el viento en el océano desde lo alto del acantilado. "¡No será tan difícil!", pensó.