Revista Talentos
Volví la mirada al grupo de compañeros que yacía, cual pira funeraria, en el muro norte de la trinchera. Los traicioneros se habían esmerado a la hora de amontonarlos con cierto orden perverso: los oficiales, por encima de la soldadesca, como respetando la escalilla jerárquica. Me tocaba vivir para contarlo.
