
Me llaman para dar una pequeña conferencia sobre el cuento, un género literario que adoro, apenas una docena de personas se desperdigan por la sala, algunos amigos, y no puedo dejar de preguntarme qué interés pueden tener mis palabras, si no me tengo por experto en la materia, si no lo soy. Siento entonces una mezcla de temor y de respeto porque no sé si esperan un discurso académico y profundo. Lo único que puedo transmitirles es mi experiencia como autor de relatos, regalarles mis sensaciones cuando los escribo, y leerles un par de cuentos con todo el cariño del mundo. Al finalizar el acto, sólo deseo que no se hayan visto engañados o decepcionados, que no se instale en sus conciencias la impresión de haber sido defraudados.
