Y tenía razón, no quedó ni rastro de sangre en la camisa de mi esposo. Lo que no supo decirme es cómo arreglar el agujero que tiene en el pecho.
Revista Talentos
—Sumérgela cuanto antes en un balde de agua fría y después frota la mancha con sal —me dijo mi madre.
Y tenía razón, no quedó ni rastro de sangre en la camisa de mi esposo. Lo que no supo decirme es cómo arreglar el agujero que tiene en el pecho.
Y tenía razón, no quedó ni rastro de sangre en la camisa de mi esposo. Lo que no supo decirme es cómo arreglar el agujero que tiene en el pecho.
