Revista Diario

Turdipio. Hospital Brutal (parte 1)

Publicado el 26 octubre 2010 por Bloggermam
Turdipio. Hospital Brutal (parte 1)Soy Turdipio. Prometí regresar por aquí y he cumplido. ¡No os vayáis! que sólo muerdo los cuando no hay programas de cotilleo en la televisión; y además me he duchado en esos baños públicos que hay por todas partes, son caros, pero me gusta el perfume que deja; me retrotrae al cráter en el que me crié. Eso sí el nombre es muy gracioso: gasolinera y me recuerda el problema de gases que tuvo mi amigo eeeeh hace unos días.
Empezó a retorcerse como el bacon en la plancha y a gemir como una exnovia mía. Por lo visto en este planeta eso no es un ritual de apareamiento sino síntoma de un problema de configuración. Sin perder tiempo usamos un coche de los de luz verde y conductor gruñon para llevarle a lo que su vecina llama “el moridero". Nada más oír eso me imaginé que se trataba de un sitio tétrico, en el que se tortura a la gente hasta que mueren, pero pude comprobar que eran fantasías mías. La realidad es que es mucho peor, porque hacen todo eso y encima ¡tienes que pagar por ello!
Nada más llegar me di cuenta de que la gente que trabaja en “el moridero” prefiere llamarlo hospital y que para dar la bienvenida te tiran café caliente a la cara. Ya había leído algo parecido de tribus polinesias, pero pensaba que estaban casi extinguidas. Eso sí, nos atendieron rápidamente. Preguntaron dónde vivíamos y pensé que ya estaba arreglado, que en ese momento aparecería un Harry Potter, haría un par de pases mágicos y me podría volver con eeeeh a casa para seguir viendo Sálvame. Pero estaba muy equivocado. Nos mandaron pasar a una sala enorme en la que había mucha gente a la que habían engañado de la misma forma.
De todos modos aquella sala era un lugar divertido. Entre las toses y los quejidos de la gente, podías atender a conversaciones que se producían a grito pelado a más de 20 metros. Incluso participé en alguna de ellas intentando integrarme en las costumbres aborígenes, pero mi amigo eeeeh se enfadaba conmigo cuando gritaba igual que los demás. Todavía no lo he entendido. De hecho había muchos carteles en los que ponía "Guarde silencio" y yo creía que era una especie de juego que premiaba al que agarrara al silencio y lo escondiera. Evidentemente eso ya lo habían conseguido las docenas de personas que llegaron antes que nosotros, por que no vi silencio por ningún sitio.
Después me dediqué a observar unos animalitos que me tienen hipnotizado desde que llegué a este planeta: las hormigas. Había miles de ellas que se dedicaban a sacar la basura que la gente dejaba debajo de los asientos. Son muy trabajadoras, organizadas y eficientes, por lo que sospecho que vienen de algún planeta alejado de este. Por otro lado al ver que la gente se quejaba de que las hormigas no les dejaban acabar sus bocadillos con tranquilidad me di cuenta del significado de los coches con sirenas y luces amarillas que nos adelantaron cuando veníamos al hospital: eran los que venían a exterminar la plaga de hormigas que la gente se había traído en su comida.
También había una pantalla en la que ponían nombres para que nos divirtiéramos, pero eeeeh me dijo que eran nombres de verdad. ¡Y luego se quejan del mío! Todavía me acuerdo cuando pusieron "Juana Terriza de Morros" o "Luís de Coca Lleno". Aún tengo la duda de si eran sólo los nombres o también ponían el diagnóstico para que los demás pudiéramos dar nuestra opinión. Porque yo estoy convencido que le que estaba de morros con la parienta era Luís.
Creo que nadie prestaba mucha atención a la pantalla y a la megafonía tampoco porque tras una hora de espera salió una señora enfadada, que miró todo el alboroto y agachó los ojos con desgana hacia su lista de gente y dijo "Eeeeh...Lu...". Yo no le di tiempo a acabar la frase, agarré a mi amigo eeeeh del brazo y tiré de él entrando sin mirar atrás, cosa que alegró mucho al resto de gente que se quedó en la sala porque le gritaron su nombre "Eeeeh". Da gusto que a uno le conozcan y le quieran.
Por fin nos atendió una señora que se acababa de levantar de la cama porque todavía iba en pijama y bata. Le preguntó a eeeeh dónde le dolía, qué había comido (supongo que para asegurarse de que no era hormigas), que el problema de gases es que podría estar pedo, si le quedaban cigarritos de la risa y finalmente le dijo que el chimpancé no podía pasar. Me hizo gracia la ironía de la señora, así que para continuar con la gracia aproveché el momento en que mi amigo eeeeh aclaraba el mal entendido para ponerle un puñado de hormigas en el bolso en el que tenía un montón de regalices marca tampax. ¿Por qué todo tiene marca en este planeta?
Nos mandaron pasar a otra sala, más grande que la anterior y en la que se veía que íbamos a estar mucho mucho tiempo. De hecho en ella se estaba celebrando  un botellón en toda regla. Todos llevaban una enorme botella de solución salina pinchada a la vena, la gente caminaba con el envase en la mano, arrastrándolo con un perchero, había un joven habilidoso que se dedicaba a hacer malabares con las botellas de varios hasta que se enredaban los tubos y todo se iba al suelo. Y los que más suerte tenían habían conseguido botellón y silla de ruedas. Seguro que a esos les cobraron entrada.
Se conoce que la gente se aburría porque también se había organizado una carrera en plan Gran Premio de Montecarlo de Fórmula 1, porque delante de las tumbonas había dos docenas de ancianos en silla de ruedas con su correspondiente botellón y que se les veía tensos como si fueran a arrancar de un momento en cuanto alguien se encendiera la luz roja.
A pesar de ello había mucha más tranquilidad que en la sala de las hormigas. La mayoría de los enfermos se quedaban dormidos en las tumbonas que había por todas partes en plan chill out. Sólo faltaba una música agradable, porque no invitaba mucho al relax la mezcla de ronquidos, gemidos de asfixia y de peticiones lastimeras de un médico-por-amor-de-dios (no estoy muy puesto en mitología terrícola...hace referencia a una novela televisiva, ¿no?)
Allí pasamos mucho tiempo y mi amigo eeeeh me ayudó a reconocer a la gente que pasaba de largo por la sala según fueran vestidos. Si llevaban pijama verde eran médicos, si llevaban pijama azul eran de la limpieza, si llevaban pijama blanco eran celosos, si llevaban el pijama blanco y verde eran enfermeros, si suplicaban para que les dieran un pijama eran enfermos y si iban de cualquier forma pero con un fonendoscopio enroscado al cuello eran médicos en prácticas. Es curioso que el pijama lo llevara la gente que estaba despierta, mientras los que nos quedábamos dormidos no teníamos pijama.
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