-Vale, así que lo que tiene es los dedos de los pies magullados y más cara que un rinoceronte –diagnosticó con habilidad el galeno.-Discreción –replicó eeeeh con timidez-, un problema de gases, no quiero que nadie se entere de que me pueden quedar deformes los dedos de los pies, soy fetichista.-No se preocupe, se recuperará rápido, sólo necesita un masaje en los pies y en los testículos de la striper de guardia.
Me apresuré a intervenir:-Yo no había dicho nada hasta ahora pero tengo un enorme… –mientras hacía el ademán de bajarme los pantalones, que se quedó en eso porque Búfalo Llongueras me puso el arma en mitad de la frente.
-Pero lamentablemente, la striper hoy no está y tendrá que pedir cita para que le atienda – nos tendió tres bolsas de las del bingo con números-. Saque una bola de cada bolsa.
Mi amigo eeeeh obedeció y le puso las bolas en la mano al señor Llongueras, después retrocedió rápidamente y le dio los números que había sacado de las tres bolsas.
El médico no salía de su asombro:-27 del 10 del 10!!!-Mañana -apostillé, por si tenía problemas para distinguir unos días de otros.También se unió a la conversación uno de los moribundos de la camilla-¡Enchufados! ¡Pondré una reclamación! Yo tengo una peritonitis aguda y me ha salido el 8 del 12 del 2012
-Venga –queriendo zanjar todo-. Vuelva usted mañana y la próxima vez venga con el arma de su casa y no use las que tenemos en la sala de espera, ¿de acuerdo? Y el de la peritonitis –girando la cabeza- que se calle que ese día encima es fiesta, ¡que es que lo queremos todo para ya!
Nos fuimos contentos con la ilusión de que al día siguiente nos atenderían y pensamos que lo mejor sería largarse cuanto antes para ver si podíamos ir a una striper particular para ir adelantando el tratamiento.
Ya era de día cuando atravesamos la masa de gente que abarrotaba los pasillos del hospital. Sospecho que debían de estar pasando consulta hasta los extintores de las paredes. Aquello era lo más parecido que vi jamás a los documentales en los que una horda de gente se quiere bañar al mismo tiempo en el Ganges.
Por suerte cuando salimos del hospital había un montón de furgones equipados con camas y con luces naranjas que nos esperaban para llevarnos de vuelta a casa. Entramos en el primero que tenía un señor grisáceo tumbado y muy mal educado. Ni nos respondió al saludo, ni quiso bajarse por su propio pie del furgón así que lo tiramos a la calle. Abrí un ventanuco que comunicaba con el chófer y dije “Ya no quedan más hormigas a las que matar, vamos al Dancing Club Palmao que nos lo ha recetado el médico”
Es impresionante lo grande que es un hospital y la cantidad de gente estropeada que cabe dentro. Todavía estoy maravillando de que la gente sobreviva en este planeta. Sois más resistentes que las cucarachas de Ganímedes.