Publicado el 20 diciembre 2017 por 50palabras
@50palabras_
Resignado durante veinte años, esperando el desenlace mientras aprovechamos fugaces encuentros prohibidos. —¿Por qué aguardas? —Porque te quiero. —Yo también, ¡pero tienes que vivir tu vida! —No importa. Junto a mi último gramo, tirado en el piso, apareció ella, radiante, imponente. Suspiré, la miré sonriente y sentí paz, mucha paz...