Revista Talentos

Un bigote, un bastón y un bombín.

Publicado el 25 enero 2011 por ArÍstides

UN BIGOTE, UN BASTÓN Y  UN BOMBÍN.
LA VIDA NO ES SIGNIFICADO; LA VIDA ES DESEO de Charles Chaplin

El humor hace tiempo que se está volviendo zafio, y buena parte de culpa la tienen unos humoristas que hacen de las parodias de personajes famosos su modo de vida. Hacer reír a terceros sobre la ridiculez o las caricaturas simplonas de terceros dice poco de sus autores. Uno recuerda al gran Charli Rivel, Buster Keaton y al genial Charlot y piensa en la magnífica escuela que fue para ellos el mimo. De hecho, durante muchos años los payasos circenses tenían como paso previo a hablar el actuar en el escenario haciendo reír con gestos. ¿Quién no recuerda a Harpo, de los Hermanos Marx?

Cada cual tendrá su humorista preferido; pero para mí, sobre todos los demás, descuella un hombre menudo con un bastón y un bombín: Charles Chaplin, que se crió en un horfanato londinense, fué el creador de un personaje romántico y cómico (¡ya es difícil!) que basó su buen hacer en gesticular como un mimo. Pero es que consiguió el más difícil todavía con sus bailes, improvisaciones, ejercicios gimnásticos y acrobacias. Fue pionero y genio del “séptimo arte” y demostró sus dotes interpretativas cantando en music-halls.

Con su personje de Charlot (Carlitos, para los Argentinos; Vagabundo, para los alemanes) cautivó los corazones de los espectadores llevando sus estados de ánimo de los lloros a la risa (¡único!) en cuestión de minutos. Pasó del humor de los trompazos, las patadas y tartas de merengue en la cara a dramas extraordinarios en los que humanizó a personajes desheredados, como fueron los vagabundos. Son famosos sus guiones por la fina crítica social que dejaba inquietos a los espectadores; siempre hecha con el respeto de la evidencia.

A los 21 años -fue contratado para el cine- cambió su lucha por sobrevivir en las calles por el estrellato. Su producción cinematográfica fue ingente. De hecho, sus personajes no necesitaban del sonoro para relumbrar y atraer al público al cine. En 1972, al final de su carrera y con 83 años, recibió un merecido Oscar por los buenos momentos que nos hizo pasar a todos. Y al llegar aquí, uno no puede dejar de preguntarse si el humor que se hace en la actualidad tiene algo de inteligente; si aporta un plus añadido a la risa , y sobre todo si se hace a costa de ridiculizar a terceros.


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