Revista Diario

Una cita un poco extraña (y estúpida)

Publicado el 02 julio 2015 por Iagovar

Normalmente, siempre que tengo por delante algún evento que considero de relativa importancia, y para el que tengo que prepararme, me convierto en un monje. Me relaciono poco, salgo de casa solo (evito la compañía, bajo el presupuesto de que me van a distraer o meter en planes que realmente no me convienen en ese momento) y en definitiva, hablo poco, y con poca gente.

Así es mi verano hasta ahora. Alguna fiesta puntual, trabajar, hablar con clientes, estudiar, y algunos ratos para despejarme donde voy a la playa o me voy a leer al parque mientras me da el solete. Ya, lo sé, mi vida no tan increíble como la del 50% de desempleados que tengo en Facebook, pero hay que reconocer que tampoco te abrumo a selfies cuando voy a tomarme un vasito de colacao a mi garito de Death Metal preferido. Creo que soy un amigo de facebook bastante considerado, ¿O no?

Este año, además, he agotado todos los cartuchos que tenía para follar. Tenía dos, tampoco te vayas a pensar. Pero la gente cuando se acerca a los 30 encuentra el amor de su vida. Esto es así, por ley. Y conocer a nuevos miembros del género opuesto empieza a complicarse, porque todas tienen novio, y ya no es la misma dinámica que antes.

Así que conozco una tía en una de estas Apps nuevas. Siempre me sorprende cuando una tía me habla o le da al “Me gusta” de turno (o como coño le llamen en cada sitio), porque debo ser el tío que sube las fotos más estúpidas de todo Internet (Con un turbante y otra con un bollo de pan a cada lado de la cabeza, y no estoy bromeando) pero, yo que sé, si funciona ¿Por qué lo voy a quitar?. Ni siquiera saben que ahora llevo el pelo largo, pero eso no importa si puedes convertir tu vida en un musical por un instante, con música de fondo e Isabel Gemio presentando Sorpresa-Sorpresa.

El caso es que hablamos. No mucho, hay que decir que las conversaciones de este palo suelen parecerme aburridas, y soy consciente de que soy un tipo con gustos raros y que hace cosas raras, y a nadie le importan ni le interesan una puta mierda más que a mí, de modo que prefiero hacer alguna gracieta y decir alguna tontería e intercambiar los TLFs para quedar pronto. En Internet es difícil apreciar realmente cómo es la gente en persona. Mi experiencia dice que cambia mucho. Sólo encontré dos reglas que funcionan casi siempre, y no tienen mucho que ver con lo que digan.

La primera es que si escribe tochos o explica cosas en profundidad -> Es alguien inteligente. Nótese que la mayoría de perfiles en las redes sociales ni siquiera tienen descripción de una mierda. Hay quien me dijo en su día que era mala persona por pensar así (bueno, por lo visto soy un asqueroso elitista por más cosas, pero eso lo dejaremos para otro día) pero te digo lo mismo que con las fotos estúpidas. A mí me funciona.

La segunda regla es posiblemente mucho más impopular. Si enseña fotos de cuerpo entero, probablemente está bien de cuerpo. Si no lo hace, las probabilidades de que te lleves una sorpresa (y no para bien) son muy elevadas. No hacen falta fotos chonis en frente del espejo, con palabras como VaSiLaH, ni cosas excesivamente creativas (hay tías que de verdad se pasan, sube tus putas fotos a DeviantArt joder!). Huye también de los ángulos extraños, o de fotos con tanta luz que parezca que esté la tía a las puertas del cielo, porque igual tiene más rabo que el demonio. Soy consciente de que yo mismo no cumplo esta regla con mis fotos, pero soy feliz en mi hipocresía.

Bien, hasta aquí mis conesjos de gurú, aunque no tengo ni puta idea de nada en la vida. Y como iba diciendo, quedamos.

Normalmente me pondría un poco decente, pero últimamente no sé qué me pasa que voy hecho cristo a todas partes. Básicamente, tal cual estaba estudiando, tal cual bajé a la calle. Recuerdo mirarme en el espejo del ascensor y pensar, joder, por lo menos me podría haber peinado. Supongo que es este rollo del crecimiento del pelo, que con él crece un pequeño Diego El Cigala dentro de mí.

Quedamos cerca de mi casa. Aquí voy a reconocer que soy un miserable. Siempre les digo que es un punto intermedio (¡Siempre cuela!) porque soy así de cómodo y gilipollas. Si la cosa no cuaja no tengo que patearme toda la ciudad o montarme en algo con ruedas. Llegué a quedar bastantes veces en un garito a una calle de mi casa, bastante chulo y tal, pero no sirve para estas cosas. Es un sitio relajado, con mucho espacio, sofás, cerveza barata, etc. Va mucho conmigo pero no acaba de funcionar con la dinámica del fornicio, que requiere de un sitio que te inspire cierto ánimo, algo de ruido (no mucho) y poco espacio (para que haya que acercarse), etc. El primer garito me quedaba al lado de casa, pero es que te daban ganas de apalancarte y poner los pies encima de la mesa.

Al llegar y ver que me dirigía a ella, la tía flipó un poco, claro. Llega un tipo con cara de no haber dormido mucho, parece recién levantado y va vestido como si se fuese a tomar una cerveza a las 12 de la mañana. Pero bueno, fue educada y no salió corriendo. La muchacha estaba bien, asi que yo tampoco.

Normalmente doy por hecho que si conoces así a una tía, ya está claro para lo que se queda. Desde luego quien se meta en Tinder para hacer amigos es que es un poco gilipollas, así que todo lo que tienes que hacer es fijarte en las reacciones los primeros minutos. Si eres hábil puedes darle la vuelta a una mala impresión, pero yo la verdad es que ni soy muy hábil ni le pongo muchas ganas, todo hay que decirlo.

Sin embargo la muchacha hablaba por los codos y no paraba de gesticular una barbaridad. No llegaba al extremo del meme de la novia obsesiva, pero hacía gracia. Cuando algo te hace gracia supongo que pareces más simpático de lo que realmente eres, asi que probablemente le caí bien, porque me reía. No realmente de lo que decía, pero imagino que es lo de menos.

La llevé a un sitio para beber. Más o menos oscuro, más o menos apretujado, y más o menos ruidoso. La dinámica normalmente consiste en decir tonterías un rato, hasta que sientes que tienes que dar el paso y calentar un poco la conversación. No puedes decir, oye tú, hemos venido aquí a follar o qué, porque no funciona. Es posible que ni siquiera folles ese día, asi que las cosas partido a partido. Después de subir el tono y arrimar la cebolleta, deberías estar ya compartiendo fluídos alegremente. El traspaso potencial de enfermedades es un bello acto de la naturaleza.

A partir de aquí ya eres oficialmente el macho alfa, y no debes dejar que decaiga el tema. Básicamente el juego consiste en alumbrar el fuego mientras pisas las brasas con el pié desnudo. Si lo consigues follas, sino, otro día será.

Después de esto fuimos a un garito de salseo. Dios sabe que odio estos sitios con toda mi alma, pero a veces tampoco te puedes poner muy exqusito, y aunque yo bailo igual que un bebé aprendiendo a caminar, decidí intentarlo. El punto extraño de la cita vino a partir de aquí.

Básicamente la muchacha perdió totalmente los papeles. Se puso a bailar agitando el cuerpo de una manera desproporcionadamente exagerada. Recuerdo mirar a mi alrededor para ver si los demás hacían lo mismo, y estaba claro que no. Me hubiera gustado ser un negrata del Bronx para poder decir SHIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIT, pero soy gallego, más concretamente nacido en A Coruña, y la situación más arriesgada que he vivido este último año fué un gitano que me pidió dinero para el bus (no le doy dinero para el bus a los gitanos porque soy racista, Xulio Ferreiro, no esperes por mí), de modo que todo lo que pude hacer es quedarme perplejo, levantando las cejas, sin saber muy bien qué hacer.

¿Qué se supone que debes hacer en una situación así? Yo no soy capaz de mover el culo de esa manera, y en tal caso de que fuese capaz estoy seguro de que se me escaparía algo por detrás. El cuerpo no está pensado para agitarse así. Las cosas se mantienen dentro porque se supone que hay gravedad, y no vas rebotando por ahí. Sólo faltaba que ahora también tuviese que desafiar a la gravedad para follar.

Había un tío en la barra que debió darse cuenta de la situación y se empezó a partir el culo. A la chica no parecía importarle, porque no paraba de hacerme señas mientras movía el culo en todas direcciones. De verdad que no bebimos tanto. Decidí intentar besarla, a ver si de esa manera conseguía detener por lo menos el desplazamiento vertical, pero dió un resultado bastante mediocre. Acabó de tal forma que yo imitaba a una barra americana y ella me restregaba el culo por todas partes. Después de aquello, por lo menos follaríamos, no me jodas.

La pobre mujer debió acabar con todas las reservas de bebida energética que venía acumulando esta última semana, porque al cabo de un rato recuperó un ritmo, si cabe, más humano. Aquello ya parecía más factible. Por fin podía mirar a otra gente y no sentir vergüenza. Decidí no hablar mucho y dedicarme al magreo, porque realmente no sabía muy bien qué decir. Oye ¿eres así todos los días? ¿Llevas un desfibrilador por si acaso?

Pasado un tiempo salimos del garito y anduvimos a lo nuestro vagabundeando por ahí. Insistió en ir a la playa, asi que acabamos en el Orzán. Los que no seáis de por aquí pensaréis, oh, qué bonito, una playa, una cita, la arena, la brisa, el sol… Eran bien entradas las 4 de la mañana. No estaba la cosa para despelotarse y la arena de esta playa no es fina, sino más bien gruesa y con mucho polvo gris, gracias a nuestro excelentísimo ayuntamiento. Molesta solamente caminar por ella, no me quiero imaginar cualquier otra cosa. Pero bueno, después de aquellos movimientos, si le decía que no igual me daba con el culo en la cara y me hacía un Knock-Out. Ojo con estas cosas, el peligro acecha.

Pero no amigos, no íbamos a la playa a follar. Sino ¡a bañarnos! ¿No os parece una idea fantástica? Casi sin luz, borrachos, con frío y con una resaca potente que se adivinaba de forma evidente en el mar. Como en estas playas la gente muere de tres en tres, y no me apetece que mueran dos policías por mi culpa, intenté convencerla de que no era muy buena idea, y que mejor haríamos esto y lo otro. Se puso muy terca, e intentó que me bañara también. En otras circunstancias lo hubiese hecho, pero de verdad que aquel no era el día de bañarse, asi que volví a mi modo aburrido-autista y me senté a esperar.

Básicamente sucedió algo bastante predecible. Corrió hacia la orilla, se dió cuenta de que estaba congelada, pero ya se había metido. Intentó salir, una primera ola se lo impidió, y una segunda ola consiguió que se metiese una ostia importante contra la arena. Con un poco de mala ostia, me desvestí y la ayudé a salir. Me costó un poco (habíamos bebido) pero fuí lo suficientemente inteligente para no dejar que el agua me arrastrase (básicamente esperando a que el agua la acercase y agarrándola antes de la resaca). Se debió dar contra algo duro, porque empezaba a notarse un chichón.

Seguramente una hora antes aquella mujer hubiese surfeado las olas con el culo, pero no estaba en su mejor momento. La verdad es que resulta bastante molesto cuando adviertes a alguien de que está a punto de hacer una estupidez, finalmente comete la estupidez y acabas por hacerte cargo de una estupidez que no te concierne. Pero así es la vida, es lo que tiene ser tan salao, que te metes en la boca del lobo feliz como una perdiz.

Unos tíos que había en la playa nos prestaron unas toallas. Estaban más borrachos que nosotros asi que les pareció una historia de puta madre que la tía estuviese a poco de ahogarse. Bua, ¿qué dices, neno? Los que seáis de LLLa Coruña os lo podéis imaginar. Qué movida, chorbo. Yo es que flipo neno, ¿No pueden poner aquí a unos socorristas o algo? ¿Y si le da un chungo a alguien, qué?. Si hijo sí, socorristas a las 4 de la mañana en el Orzán, con gafas de visión nocturna, trajes láser y helicópteros a vuelo rasante. No puedes discutir con alguien que está borracho y lleva un pájaro carpintero en la cabeza, asi que ni lo intenté.

A partir de aquí, lo único que me queda por contaros es que no, finalmente no follamos.


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