Artillería, ametralladoras y sangre derramada no frenarían su férrea disciplina. Avanzaron cuanto pudieron y cayeron los dos en un último abrazo. La tierra de nadie les pertenecería para siempre.
El silbato sonó: debían salir de la trinchera y avanzar. Ante la atónita mirada del pelotón, se abrazaron y besaron apasionadamente.
Artillería, ametralladoras y sangre derramada no frenarían su férrea disciplina. Avanzaron cuanto pudieron y cayeron los dos en un último abrazo. La tierra de nadie les pertenecería para siempre.
Artillería, ametralladoras y sangre derramada no frenarían su férrea disciplina. Avanzaron cuanto pudieron y cayeron los dos en un último abrazo. La tierra de nadie les pertenecería para siempre.