Revista Diario

Veletas

Publicado el 16 enero 2022 por Evamric2012

VELETAS
Desde el muelle despedazado por el último vendaval, con un pie en el sur que me dilatas y la sombra de un norte alborozado en el umbral de este destartalado invierno, entre nubes negras y perlas de plata que bifurcan en los labios que nos mordemos hasta hacerlos sangrar, la nave va.
Va cuando recuerdas mi sonrisa y mi voz, y lo que despierta mi voz en la hambruna de tu pecho.Sabes que no veo esas olas que me cuentas, y que se deslizan y se enroscan en los tobillos y en la sien,  acicalando la inofensiva vehemencia de una resaca en calma.Me pides que retome la pluma como espada, que lacere la frontera que nos separa y alborota, que hay que seguir rompiendo normas, cubiertos de efímeras felicidades, y  es entonces cuando se debilita la sequedad entre los mordiscos del alma.Transgredimos los bálsamos que ya no curan. Sólo los que lo hemos sufrido mil y una derrotas llevamos las arrugas en el rostro sin querer esconderlas. Sólo los que  pueden reconocer esos surcos entienden  la desgana. No hay como haber pasado por las cosas para entenderlas. Y no obstante,  no podemos hacer absolutamente nada cuando estalla la rabia, el desconsuelo y el desaliento.  No sé quién dijo que el dolor es catarsis. Y la catarsis es esa esquirla llamada memoria arrojada a los olvidos.Me dices que todos tiramos la toalla, y  morimos. Que algunos ya no resucitamos pero seguimos en pie. Y que volvemos a morir y así sucesivamente...VELETAS                                                                                                                        Irse a otra parte. Marteen Léon


El café esta mañana sabe más ácido y amargo y desde los rascacielos que diviso se estremece el tiempo. Cae la mañana austera, plomiza, como un destartalado punto de interrogación.

Yace inexorable el tiempo bajo lágrimas de azúcar, mezclándose con las redes que me atan a este insumiso letargo. 

Ayer hablamos de exilios voluntarios, de los que elegimos un día, exilios dorados con los que nos comprometimos aquel día no tan lejano. Queríamos cambiar el mundo. Quisimos cambiarlo todo, y fue al contrario: nos quedamos en la comodidad de los pronombres como algo más interesante. Aunque, por cierto, los pronombres no siguen sonando igual. 

Y así me exilé de tu boca, del mar, y del silencio intrínseco de lo que dejaron de pronunciar nuestros labios. Aquí aprendimos a ser siluetas que se perfilan en medio de una muchedumbre bajo el desgarro de las raíces que no logramos arrancar de cuajo.

Hace años que ya no distingo los adverbios de lugar, se han disfrazado en un espacio despojado de tiempo. Son maraña de un limbo en el que se entretejen aún aquellas viejas miradas bajo un eterno punto de exclamación. 

Y si te quiero es por eso;  porque eres tan veleta como yo en días de ventisquero.







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