La muerte tiene mucho que ver con las preguntas sobre el propósito de las personas. ¿Quién en su sano juicio se haría una pregunta existencial si se supiera inmortal? ¿Si nuestra existencia fuera infinita qué sentido tendría preguntarse sobre nuestro propósito? Ojo, probablemente alguno se las haría.
El morir, que no es otra cosa que el futuro inevitable, genera incomodidad, miedo, desconcierto, dudas y, entre otras cosas, planteos existenciales. ¿Para que estoy? ¿Cuándo llegue el fin habré vivido como he querido? ¿cuándo este en mi lecho de muerte abre alcanzado mi propósito? ¿tengo un propósito?
El filósofo francés Mounier plantea que la muerte no es solo un hecho biológico, sino una experiencia que revela la condición dramática del ser humano, somos seres proyectados hacia el futuro, pero inevitablemente enfrentados a un límite definitivo. En este sentido, la muerte pone en evidencia una tensión profunda, vivimos orientados hacia proyectos, sentido y plenitud, pero ese horizonte parece interrumpirse. La muerte no vacía totalmente la existencia, al contrario, le da sentido. La conciencia de la muerte despierta responsabilidad y le da trascendencia.
Leí hace un rato, y por eso este tema hoy, que ante la publicidad radial que se hizo en algún momento (no sé exactamente cuándo ya que tantas veces ha sucedido) sobre la inminente llegada del fin del mundo varias personas eligieron el suicidio, “las personas se quitaban la vida para no tener que morir.”
Desconozco la psicología del suicidio, pero son recurrentes ante, como contaba, la inminente llegada del fin. Parece ilógico tomar esa decisión cuando es sabio que, caiga o no un meteorito, el fin es inminente.
Cuando me levante recibí la noticia que Luis Brandoni, un actor y político argentino, había fallecido y en una entrevista que compartió hace un tiempo expresaba sobre la muerte: “Me voy a morir lo más rápido que pueda, para no molestar a nadie y que digan ‘qué lástima, se fue” y sobre lo que viene después de la muerte reflexionó, “Nos morimos y voy a ser un recuerdo. Un poeta escribió una de sus frases y decía: ‘se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo”. Para Brandoni el sentido de la vida era “Tratar de hacer algo que a uno lo haga sentir útil. Sus parientes, sus hijos, sus amores, sus amigos. Tratar de ser útil me parece que es lo más importante. Más allá de los logros de orden económico o social, me parece que eso es lo más importante”.
El desconcierto de no saber cuándo ni como es entendible y genera cierta presión sobre quienes no logran definir un objetivo, un propósito, y transitan (mos) la vida como zombis porque sucede eso son (somos) muertos [ya que desde que nacemos estamos muriendo] vivos [porque nacemos, existimos y vivimos] porque vamos caminando sin sentido, vamos hacia adelante porque inevitablemente, aun cuando demos pasos hacia atrás, vamos hacia adelante. Queramos o no queramos, vivimos y morimos, peor aún vivimos muriendo. Encontrarle sentido a la vida es por eso tan importante y no un mero capricho marketinero.
