Xx edición: crónicas marcianas

Publicado el 02 abril 2020 por David Rubio Sánchez



   Ray permanecía extasiado en su asiento de primera fila. Ya se había montado en la noria y demás atracciones de la feria, se había horrorizado con el espectáculo de monstruos y figuras de cera. También le había dado tiempo de asistir a un combate de boxeo. Pero lo que en ese instante contemplaba era mágico. Mr. Electric le observaba desde la silla eléctrica situada en el escenario, con una espada en la mano, con sus ojos refulgiendo a la espera de recibir cincuenta mil voltios de electricidad.    Las luces se apagaron.    Inmerso en una oscuridad eterna, Ray pudo percibir el sonido de un interruptor.    Y, entonces, se hizo la luz.    De los ojos de Mr. Electric comenzaron a salir rayos, su melena negra se erizó hasta alcanzar la majestuosidad de un león y, levantándose, mostró la espada que empuñaba convertida en un arma de dioses capaz de concentrar el poder de una tormenta. Ray, con los ojos como dos lunas, vio como aquel ser se acercaba a su asiento, mostrándole la espada con la que, finalmente, le tocó en hombros y nariz.    «¡Vive para siempre!», exclamó Mr. Electric.    Ray sintió la punzada de electricidad recorriendo su cuerpo hasta erizar completamente su cabello.    «¡Vive para siempre!»   Guau.   «Dios, ¡sería maravilloso! Pero, ¿cómo se hace?» se dijo Ray mientras sentía que había recibido el don de la magia. «¿Cómo puedo ser inmortal?»

XX EDICIÓN: CRÓNICAS MARCIANAS de Ray Bradbury

   Desde luego, esa es la pregunta del millón, ¿verdad? Ray Douglas Bradbury encontró rápidamente la respuesta. Para ello, simplemente echó la vista atrás, no tuvo que ir muy lejos dado que el encuentro con ese mago de feria ambulante se produjo cuando apenas contaba con doce años.

¡Orgullo friki!

Friki. Según la RAE 1. Extravagante, raro o excéntrico. 2. m. y f. coloq. Persona pintoresca y extravagante. 3. m. y f. coloq. Persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición. Yo prefiero definirnos como seres con un ilimitado sentido de la maravilla.


  Permitidme un inciso personal. ¿Cuántas veces os ha pasado que al conocer la biografía de alguien habéis sentido como si estuvierais mirándoos frente a un espejo? Por supuesto, no me refiero tanto a la cronología de acontecimientos vividos —que también—, sino a algo más intangible: una conexión emocional, tanto de carácter como de intereses intelectuales. Pues eso es lo que me sucede con este autor. Y seguro que no soy el único. 

  La familia de Bradbury era como cualquier otra. Humilde, trabajadora y moderadamente feliz. No había antecedentes literarios, pero sí el suficiente amor por el pequeño Ray como para que cada día tuviera su cómic del periódico y, así, aprendiera a leer con cuatro años. Buck Rogers, John Carter —El señor de Marte—, Tarzán… Su niñez (una niñez de 92 años) estuvo marcada por los cómics de los que fue un fanático. Años más tarde diría: «vivía en un estado de casi histeria esperando que el periódico que incluía el cómic golpeara mi porche todas las noches». La selva, Marte, el futuro, el universo. Bradbury encontró en esas aventuras algo más que entretenimiento. Encontró conceptos elevados, preguntas y, sobre todo, la fascinación como actitud frente a la vida. Ni qué decir, que ello también le hizo ser un bicho raro en el colegio. Él había abierto la ventana del universo y, frente a ello, los juegos e intereses de sus compañeros de clase se le mostraban insulsos y aburridos. Pero también era un niño y, como todos, buscaba la aceptación del grupo. 
  En el inicio de su ensayo Zen en el arte de escribir, cuenta una anécdota. Parece ser que, harto de que sus compañeros se rieran de él por leer cómics, decidió ser uno más, «sucumbí a la presión de mis iguales», y destruyó todos sus cómics de Buck Rogers. Afortunadamente, esa crisis solo le duró un mes. 
¿Cómo fue que el niño que era yo en octubre de 1929 pudo, por las críticas de unos compañeros del cuarto curso, romper sus historietas de Buck Rogers y un mes más tarde pensar que todos esos compañeros eran un montón de idiotas y volver a coleccionar?Ray Bradbury
    Pasar de consumidor de ficción a creador de historias solo precisaba de un poquito de magia. O un chispazo de electricidad como el que le donó Mr. Eléctrico. 
  «Vivir para siempre». El pequeño Ray comprendió que en su mano solo había un modo de conseguirlo: escribiendo. Y desde ese momento lo hizo todos los días de su vida. Primero, de noche y en la buhardilla de su casa, nacieron historias basadas en los héroes de sus cómics, en los que Marte fue un lugar recurrente, con sus correspondientes dibujos; luego fueron relatos de terror y fantasía al estilo de sus autores predilectos, Verne, H.G. Wells y, sobre todo, Poe. Hasta que una tarde recordó una escena de su niñez, una dramática situación en la que fue testigo del ahogamiento de una niña en la playa. Esa idea le llevó a un relato en el que se encontraba por primera vez con la muerte, pero también a algo más importante. 
   Esa tarde comprendió que quería ser escritor.

El buscador de estrellas

  Las estrellas son esos pequeños puntitos luminosos que, desde el firmamento, nos anuncian que la vida es mucho más que aquello que solo podemos tocar. Como las ideas, nos invitan a soñar, nos inspiran, nos muestran qué nos convierte en una especie única. Bradbury, mediante sus sueños e ideas, siempre buscó las estrellas y la vida no tardó demasiado en ofrecerle un lugar lleno de ellas. Eso sí, más terrenales.
  En 1934, el padre de Ray consiguió al fin un trabajo estable en una empresa de fabricación de hilo de cobre en Los Ángeles. Ello significó dos cosas: 1. Que por fin se iban a establecer de forma permanente en un lugar y 2. ¡Nada menos que a un tiro de piedra de Hollywood!

  Ya hemos visto que Bradbury era un friki maravilloso y junto a sus aficiones lectoras también se encontraba la cinéfila —llegaba a ver cerca de catorce películas a la semana— y otras dos relacionadas con ella: Ser un denodado cazador de autógrafos y un experto en colarse en los cines.  Así que imaginaos lo feliz que pudo llegar a ser en su nuevo hogar.

  Por si todo ello no fuera bastante, Los Ángeles tenía reservada una sorpresa más. Visitando una librería encontró unos folletos publicitarios de una Asociación de Ciencia Ficción, o lo que es lo mismo ¡existían en el planeta Tierra más aficionados a ese género! Perfectamente puedo imaginar su sensación. De repente, dejó de ser un bicho raro; o como mínimo no era el único. En esa época ya contaba con 18 años y mucho desparpajo. Y en pleno Hollywood, en la cocina de la ficción por excelencia, no le fue difícil saber rodearse de amigos con sus mismas inquietudes que, además,  se convertirían en profesionales de la literatura que siempre supieron darle apoyo o guía en el mundo editorial. Aunque, todo hay que decirlo, no mucho dinero, al menos en sus inicios.

  1938 fue el año en el que comenzó a publicar. Como casi todos los autores norteamericanos de entonces lo hizo en el mundo de los fanzines y las ediciones pulp —esas de bajo coste y normalmente enfocadas a historias de género—, pero no sería hasta 1942 cuando cobrara por primera vez por uno de sus relatos, El Lago. Afortunadamente, su mala visión le exoneró de servir en el ejército durante la II Guerra Mundial. Ello le permitió continuar con sus mil palabras diarias en el garaje de su casa y sus infinitas lecturas de todo tipo de entre las que debemos destacar un libro de relatos independientes pero estructurados dentro de una misma trama: Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson. 
Al terminar de leer Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson me dije: «Un día quisiera escribir una novela con gente parecida, pero que transcurra en Marte». De inmediato apunté una lista de la clase de tipos que me gustaría plantar en Marte, a ver qué sucedía.Ray Bradbury

   Escribió un listado de ideas, el recurso que siempre utilizaba para inspirarse, y pensó en posibles personajes, elaboró esquemas… Todo ello lo guardó en un archivo. Un archivo que luego traspapeló. Era 1944 y todavía no era el momento de Crónicas Marcianas. Antes, Ray se casaría con la única mujer con la que mantuvo una relación en toda su vida, Margaret McClure, y logró publicar una colección de relatos, Carnaval Oscuro, en una muy pequeña editorial llamada Arkham House.

La novela que no supo que había escrito

  En junio de 1949, los Bradbury esperaban su primera hija. Entre otras cosas, ello suponía que Ray debía ganar más dinero. Las publicaciones de sus relatos en revistas, sus críticas cinematográficas y demás trabajos le daban para lo justo. Ya había publicado su primera antología de relatos, con muy buena crítica. Pero con buenas críticas no se pagaban las facturas.

  Así que, guiado por un matrimonio amigo, marchó a Nueva York para intentar colocar sus relatos en una nueva antología. Pasó semanas durmiendo en modestos hoteles y visitando distintas editoriales de Manhattan, visitas que terminaban un par de minutos después de responder negativamente a una pregunta maldita: ¿ha traído una novela? Como ahora, los libros de relatos no tenían demasiado recorrido comercial y eso es algo que a lo editores les suele importar un poquito a la hora de aceptar un manuscrito.

Atravesé el país, cuatro largos días con sus noches en el autobús Greyhound, fermentando en una gran bola de hongos, mientras atrás, en Los Ángeles, quedaba una esposa embarazada con 40 dólares en el banco.Ray Bradbury
  Desesperado y decepcionado, encaró la entrevista con un editor con el que, curiosa coincidencia, compartía apellido que no parentesco: Walter I. Bradbury. Esa iba a ser la última visita antes de regresar a Los Ángeles y, como todas las anteriores, comenzó con la consabida pregunta: ¿Ha traído una novela?. La respuesta, por supuesto, fue el mismo no que en ocasiones anteriores. Pero en esa visita, con el valor de quien ya no tiene nada que perder, Ray se soltó. Se explayó en los detalles de su día a día y en los contenidos de sus historias. Habló tanto que el bueno de Walter le invitó a cenar. Y en esa cena, Ray continuó, le habló de Mr. Electric, de los cómics, de Buck Rogers, del Señor de Marte, del niño que soñaba con el universo desde su buhardilla y del que más tarde lo hacía desde el garaje. Hasta que llegó a una serie de relatos ambientados en Marte que había escrito o esbozado hacía ya años.

   Terminado el postre, el editor se limpió la comisura de los labios y dijo: "Creo que ya ha escrito una novela". Imaginaos la cara de Ray arqueando las cejas por encima de sus gafas y preguntándose cuándo había escrito él una novela. El editor —¡que Dios lo guarde en Marte!— le propuso que tal vez podría ordenar esos relatos sobre Marte e intentar establecer un hilo conductor que uniera unos relatos con otros. Y hasta le sugirió un título: Las crónicas marcianas. La emoción que sintió entonces Ray se tradujo en un segundo postre para activar la máquina de sueños que era su mente.  Eso sí, Ray tendría que espabilar. Walter le dijo que le presentara al día siguiente un esquema con unos treinta cuentos marcianos bien estructurados en una trama general que los unificara. Esa calurosa noche, la más importante de su vida literaria, se alargó hasta las tres de la madrugada. Sudó, se agitó, y se emocionó a golpe de tecla en su máquina de escribir, mientras recordaba las notas, ideas y argumentos que en su día escribió, y luego perdió, a raíz de la lectura de aquella novela que leyó en 1944, Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson.

  Ni qué decir que, al día siguiente, Walter Bradbury extendió dos cheques por un total de 1.500 dólares. ¿Dos? Sí, lo he escrito bien. Le extendió dos cheques porque una vez cerrado el trato por Crónicas Marcianas, el editor también le compró otra colección de relatos independientes que se publicarían bajo el título de El hombre ilustrado.

  En otoño de ese año nació su bebé.

  Crónicas Marcianas lo hizo al año siguiente.

Había ensamblado y fundido todos mis perdidos y reencontrados objetos marcianos. Resultó ser un libro, no de personajes excéntricos como Winesburg, Ohio, sino una serie de ideas extrañas, nociones, fantasías y sueños que había tenido y me habían despertado a los doce años. Ray Bradbury

Su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard

La primera biblioteca marciana

   Ray Bradbury, una vez conseguida la inmortalidad, nos dejó un 5 de junio de 2012. Siempre decía que era consciente de que no podría ser el primer hombre vivo en poner pie en el planeta rojo, pero sí quería ser el primer hombre muerto en hacerlo. Así lo dejó establecido en su testamento. De momento, y mientras llega ese día, sus restos reposan en el Cementerio Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles. 
  Pero Crónicas Marcianas sí se encuentra ya en Marte. 
   Literalmente. 
   El 25 de mayo de 2008, amartizó la sonda espacial Phoenix Mars Lander. Fue cerca del cráter Gale, en una superficie bautizada como Bradbury Landing. Junto a los aparatejos científicos, la sonda de la NASA portaba algo más. Un mini DVD llamado The Phoenix DVD que contiene unos archivos agrupados bajo el título de Visiones de Marte. En él se incluyen los mapas realizados por Percival Lowell sobre los canales imaginarios que en su día nos hicieron soñar con una civilización vecina en nuestro sistema solar; mensajes de Carl Sagan y Arthur C. Clarke para los futuros exploradores y colonos; y una selección de novelas de ciencia ficción ambientadas en Marte o protagonizadas por marcianos. 
 Por supuesto, en esa lista resplandece Crónicas Marcianas como parte integrante de la primera biblioteca marciana.

   Pero de momento, Marte todavía nos queda un poco lejos, así que os propongo esta extraordinaria colección de relatos inspirados en Crónicas Marcianas y que participan en la presente edición de El Tintero de Oro.

RELATOS PARTICIPANTES XX EDICIÓN

1. DE TODAS LAS COSAS QUE CONSTRUIMOS por Beri Dugo en su blog RELATOS DE BERI

2. UN MILLÓN DE AÑOS por Isabel Caballero, en su blog TARA

3. VOLAR PEGADOS ES VOLAR por María Pilar, en su blog RETAZOS DE VIDA

4. CON LAS BOTAS PUESTAS por Marta Navarro, en su blog CUENTOS VAGABUNDOS

5. EL MARCIANO Y EL TERRÍCOLA por Estrella Amaranto, en su blog AMARANTO

6. MIEDO A LO DESCONOCIDO por Josep Mª Panadés, en su blog RETALES DE UNA VIDA

7. POSIBLES CONSECUENCIAS por Paola Panzieri, en su blog DE AQUÍ Y DE ALLÍ

8. ERIK, CIUDADANO DE SEGUNDA CLASE, EMPLEADO DE NIVEL Cpor Isan Isan, en su blog UNA CAPA DE BARNIZ

9. DESTINO por Mery Pérez, en su blog CLIO EN EL ESPEJO

10. CRÓNICAS DE CUARENTENA por Raquel Peña, en su blog PERLAS NARRATIVAS

11. LA SEÑAL por Jorge Valín, en su blog ENTRE LAS BRUMAS DE GALLAECIA

12. LA NAVE ESPACIAL por Mirna Gennaro, en su blog ISLA DE LOS VIENTOS

13. EL UMBRAL DEL TIEMPO por Paco López Castelao, en su blog CASTRO ARGUL

14. UN CANTO A LA EXTINCIÓN por Bruno Aguilar, en su blog MENSAJE DE ARECIBO
15. EL ARCO TAFONI por Emerencia Alabarce, en su blog VIAJE Y FOTOS

16. MIGRANTES DEL UNIVERSO por Carmen Ferro, en su blog CUENTOS EN EL ANDÉN

17. INOCENCIA por Beba Pihen, en su blog AHORA YO DIGO

18. INTERESTELAR por Carla Guerrero, en su blog ESTÁ ESCRITO

19. LOS MARCIANOS VIENEN DE VACACIONES por Mª Carmen Píriz, en su blog ALGUIEN CON QUIEN HABLAR.

20. EN ESE PAÍS DE CIEGOS por Barry Byrne, en su blog DE PERDIDOS AL RÍO

21. DESDE LA VENTANA por Puri Otero, en su blog DULCINEA DEL ATLÁNTICO

22. LA EXPEDICIÓN por Francisco Moroz, en su blog ABRAZO DE LIBRO

23. HAY UN GALLEGO EN LA LUNA por Araceli Rodríguez, en su blog LA ESCRIBIDORA

24. EL LADO OCULTO DE LA LUNA por Ulises Castellano, en su blog BOOK TO LAND

25. EL PÚLSAR por Pepe de la Torre, en su blog ENTRE UNAS CUATRO ESQUINAS

26. MI SÉPTIMA VIDA por David Serrano, en su blog BAJO MI EMBARCADERO

27. BLANCO por José R. Capel, en su blog RELATOS EN RE MENOR

28. LA HABITACIÓN DEL SERVICIO por Patxi Hinojosa, en su blog MIS COSAS, ¡COSAS MÍAS!
29. VOLVER A CASA por Juana Medina, en su blog FICCIÓN
30. LA CAZA por Beatriz Vélez, en su blog CAFÉ LITERATO

RESEÑAS DE LA NOVELA Y BIOGRAFÍAS

  En esta edición, además de los relatos, contamos con colaboraciones de lujo para conocer un poco más la figura de Ray Bradbury y su novela CRÓNICAS MARCIANAS:
  Recuerdo a los autores que la votación es obligatoria para participar, y que tenéis hasta el día 10 de abril de 2020 para elegir los siete relatos que más os hayan gustado y otorgar siete puntos al primero; seis, al segundo; cinco, al tercero... hasta dar un punto al séptimo. Los votos deberéis enviarlos al mail eltinterodeoro@hotmail.com
   Esto es todo por hoy, el próximo 15 de abril celebraremos una marciana GALA DE PREMIOS con el ANUNCIO DE LOS RELATOS GANADORES de esta edición.  
  Crónicas Marcianas elevó la ciencia ficción a la Alta Literatura. Curiosamente, Ray Bradbury siempre ha negado que fuera una obra de ese género. Él la consideraba de Fantasía. De hecho, siempre afirmó que solo escribió una historia de ciencia ficción en su vida: Fahrenheit 451.
  En todo caso, fue un regalo para la Humanidad… y para los marcianos. ¿Habrá vida en Marte?

    ¡Saludos tinteros!