XXV. ELLOS. Marionetas del destino.

Publicado el 29 abril 2016 por Lasuelta

La noche se alargó con el ruido de los coches, las luces de las farolas estiraban la dimensión de las calles. Pero entre Laura y Javi aquella noche sólo reinó el silencio y el llanto infinito de Laura. Javi no podía articular pensamiento. Todo lo que acudía a su mente le oprimía el pecho, todo dolía.

Aquella noche los dos hubieran agradecido que nunca hubiera sucedido.

Pero sucedía, estaba pasando y lo que se acercaba olía a gris, sonaba a triste, traía quebranto.

Laura ya no veía a Mario como el chico seductor y protector. Javi ni se acordaba de Ana. Laura sólo podía pensar en Javi. Javi no dejaba por un minuto de pensar en Laura. El destino tiene truculentas formas de mostrarnos el camino, de darle valor a las cosas. El destino, sentían, que se estaba riendo de ellos. Javi nunca volvería a ser el mismo. Laura no volvería a ser la misma Laura. La debilidad había abofeteado su bondad. El escepticismo se había apoltronado en su salón de moralidad inquebrantable. Y la noche avanzaba tan lenta que dolía.

No habían cruzado una frase más desde la confesión de Laura. Porque sabían que cualquier cosa que dijeran rezumaría dolor por todas las letras y sílabas que contuviera.

Rozando el alba los dos quedaron dormidos. Vencidos de cansancio. Con dolor en las entrañas, pero sobre todo con la conciencia dividida.

Tenían una conversación pendiente. Pero quizá ahora no era el momento. Más adelante tal vez.

5:50h. Javi despertó sobresaltado, por una pesadilla, había soñado que Laura se acostaba con otro tío... despertó se frotó los ojos y la realidad le despertó cual jarro de agua fría en la tibieza de su rostro. ¡DIOS! Miró a Laura, dormida con la cara hinchada de llorar. Con el ceño fruncido. Durmiendo sin descansar.

Javi se sentía tan cabreado que si decía algo sabía que hubiera mandado su vida a la mierda. Y entonces recordó sus intenciones horas antes. Macabra broma del destino. Giro de intenciones. Y se sorprendió a si mismo preocupado por el llanto interminable de Laura, le dolía casi tanto que la traición confesada. No quería verla llorar. Algo se le escurría entre las manos. Se levantó preparó una bolsa con sus cuatro cosas, se pegó una ducha y se fue de casa, dejando una nota encima de la mesa de la cocina.

Se dirigió a casa de Ana.

Le mandó un mensaje. "¿estás despierta?"

"aún en cama, pero despierta. Q pasa?"

Ding.dong.

Ana abrió a Javi en pijama con una sonrisa que se borró de un plumazo al ver el semblante triste de Javi.

Pasaron, prepararon café...

  • ¿qué pasa Javi? Por favor, explícame, o me vas a volver loca.
  • La he perdido, Ana. He perdido a Mi Laura.
  • ¿qué estás diciendo?
  • Se ha liado con otro tío. - Ana abrió mucho los ojos, se quedó tiesa. No daba crédito a lo que estaba escuchando...- Nunca más será lo mismo. Se ha roto la confianza. Si no hay confianza, honestidad. ¿qué queda? Me ha engañado. No es Mi Laura.
  • Javi, date un poco de tiempo. Ponte tranquilo. Te ha explicado qué ha pasado, con quien...
  • No, no me ha contado los detalles. Pero es que creo que no quiero saberlos, porque iré y le arrancaré la cabeza a ese desgraciado. Y a ella no quiero ni imaginármela.
  • Joder, Javi. ¡qué fuerte!
  • Es denunciable. Es traición. ¿en qué se basaba lo nuestro? - Javi tenía los ojos al borde del llanto, el alma encendida, su conciencia cabreada. Pero su corazón triste. Muy triste. Demasiado triste para odiarla. -
  • ¿Te puedo preguntar una cosa, Javi?.- Javi temía esa pregunta. -
  • Sí.
  • ¿la quieres? ¿te importa? ¿podrías vivir sin ella?
  • No sé si la quiero. Claro que me importa. Y hoy no concibo mi vida sin ella.
  • Pues entonces vamos a pensar cómo recomponer todo este lío.
  • Ana, no tenemos la máquina del tiempo para volver atrás y poder hablar con ella antes de que sucediera. ¿qué quieres que haga?
  • De momento calmarte. Javi. Odiando no se arreglan las cosas que importan. Desde el rencor no salvaremos nada.
  • Yo no quiero salvar. Quiero que salga de mi vida. No puedo estar al lado de una persona así. Que me ha fallado.
  • Vamos a hacer una cosa. No vamos a hablar de este tema hasta la tarde, como mínimo. Ahora el odio y el rencor te lleva a conclusiones erróneas.

Javi pensó por un momento. Recapacitó y supo que había otro tema que hasta que no lo resolviera él no podría arreglar lo suyo con Laura, o desterrarlo para siempre de su mente y de su vida. Pero tenía un fleco pendiente:

  • Ana
  • Dime.
  • Vamos a encontrar a Mario. Nos cueste lo que nos cueste. Y vas a contarle lo de Anita, que está a punto de llegar. ¿de acuerdo? Es un trato.
  • De acuerdo, Javi, pero vendrás conmigo. - A Ana le dio una punzada en el estómago de recordar a Mario, acarició su panza, sintió el revolcón de Anita, sentía que el bebé sintiera lo que estaba sucediendo. No podía ser... se le revolvió el corazón, la ilusión rellenó su mirada y supo que debía ir a buscarle, explicarle. Después Mario decidiría. Pero debía saberlo: que Anita estaba en camino.
  • Bueno, si tú necesitas que te acompañe yo vengo.
  • En realidad ya le he buscado, he indagado por aquí y por allí. Trabaja en un bar. El bar rincón. ¿vendrías?
  • Hoy mismo a mediodía.

Laura al despertar tiró a la basura toda la tristeza envuelta en kleenex y se dijo que debía ir a buscar respuestas. Después de dejar a los niños en el colegio iría a ver a Mario.

ELLOS, VOSOTROS, NOSOTROS.

La Suelta.