...Y otra cata (más civilizada) en Bagos

Publicado el 04 mayo 2009 por Mariano
Lo que un sábado de vacaciones empezó como un tímido aperitivo entre amiguetes, se acabó transformando en una pantagruélica cata de vinos míticos. Como fue una jornada imprevista no disponíamos de libreta, y como era un buen rato entre amigos, tampoco de ganas de utilizarla, por lo que los comentarios son más emotivos que, lógicamente, técnicos.
El posible detonante fue una botella con la que Adrián nos sorprendió de A torna dos Pasás Escolma 2001, gama alta del tinto de Ribeiro comentado en una anterior visita a esta fantástica vinoteca. Fino, complejo, redondo, integrado... una maravilla y con una sorprendente acidez que le da muchísimo tiempo por delante. Ojalá tuviéramos paciencia y podamos probar estos vinos dentro de diez años. Fantástico con los embutidos que nos puso Fernando.

Seguimos con un albariño portugués, la también gama alta del que elabora Anselmo Mendes en su añada 2005, siguendo el sistema tradicional de fermentación en barricas, en este caso, durante 9 meses y sobre sus lías. Un albariño denso, de gran complejidad aromática, algo cítrico y muy floral, el punto casi impereceptible de madera que redondea sin empalagar ni molestar, excelente acidez, en fin, un vinazo que fue de miedo con un Gruyere finisimamente cortado, que acompañamos seguidamente de una muestra de casi toda la fantástica carta del local.

Y el albariño terminó llevándonos al Riesling, un Auslese de Mosela, Joh. Jos. Christoffel Erben Ürziger Würzgarten Riesling Auslese con el que comenzó el camino hacia el paraiso de “la dama”, y que siguió con un Dr. Bürklin-Wolf Wachenheimer Auslese de 1998 acompañados del Foie micuit que desvena y prepara el propio Adrian y que nos hicieron tocar el cielo. Miel, cítricos, tremenda mineralidad, dulzor compensado con buenísima acidez, larguísimo, amplio, una pasada.


Cuando parecía que la jornada iba a tocar a su fin y ya teníamos los abrigos puestos, apareció una flamante botella de El Pecado 2007 de Raúl Pérez, así que nos volvimos a sentar, nos concentramos, nos peinamos un poco y nos dispusimos a disfrutar del preciado y escaso manjar. Aunque algo cerrado yo lo encontré complejo, elegante, diferente a cualquier otro mencía probado con anteriofridad. Guardo un curioso recuerdo de caramelo, notas animales... no sé. El comentario de los que probaron el 2006 (yo no tuve esa suerte) hablaba de cierto refinamiento frente al carácter animal y salvaje que presentaba la añada anterior. No sabría con qué tomar este vino, tal vez, simplemente, con un disco de Chet Baker.

Solo una pega, la etiqueta trasera es, en fin...

Tras semejante impacto, sólo quedaban dos opciones, irse o seguir en el ascenso de los riesling, ante la determinación de mis acompañantes, no había otra que dejarse llevar, sobre todo ante lo que se nos venía encima, un Dr. Bürklin-Wolf “R” de 1990. Complejidad, concentración y el equilibrio sublime entre dulzor y todavía presente acidez. Pura ambrosía. Para más explicación enlazo la nota del Diletante, mucho más tecnico de lo que yo podía ser en estas circunstancias.

Entonces, aunque para maridar el vino anterior hubiera bastado con un tema de Bach, Fernando nos sacó unas de sus excelentes anchoas Serrats, y un delicioso Selles-Sur-Cher, suave queso de pasta blanda elaborado con leche de oveja entera y cruda.


Sin haber mejorado lo anterior, a mi juicio imposible, Adrian reveló sus anfibias capacidades de “buceo” en la bodega para encontrar algo que estuviera a la altura, y lo consiguió. Apareció con dos pequeñas botellas, en primer lugar, un limitadísimo Kerpen Riesling Berenauslesen 2006, elaborado a base uvas seleccionadas con botrytis. El impacto en nariz y boca nos reveló la contundencia del vino, pero también la magnitud del infanticidio que acabábamos de cometer, buen dulzor residual y acidez brutal. Una maravilla todavía en pañales, pero que nos hizo disfrutar de lo lindo.

En segundo lugar nos sorprendió con un Keller Trockenbeerenauslese 2006, auténtico elixir de mineralidad, concentración, melosidad y acidez, y si lo anterior había sido un infanticidio, esto, directamente era un aborto, pero que ya hacía alcanzar cotas de placer muy difíciles de superar. Para quitarse el sombrero.

Y dado que aun nos podíamos tener en pie -no sin dificultad, al menos un servidor- decidimos poner fin al evento.
Aprovecho la ocasión para darles las gracias a Adrian, a Fernando y a Rodri,... y sobre todo a mi novia por pasar junto a mí toda la velada y no haberme mandado a hacer puñetas.
Hasta otra,

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