De repente uno de esos bichos se metió en mi ojo, solté las manos del ataúd, y todos gritaron al ver al muerto, trajeado, deslizándose bajo la lluvia.
Revista Talentos
El agua espantaba las avispas, faltaba poco, la gente se agolpaba, yo solo pensaba en llegar, pero ese zumbido me ponía nervioso.
De repente uno de esos bichos se metió en mi ojo, solté las manos del ataúd, y todos gritaron al ver al muerto, trajeado, deslizándose bajo la lluvia.
De repente uno de esos bichos se metió en mi ojo, solté las manos del ataúd, y todos gritaron al ver al muerto, trajeado, deslizándose bajo la lluvia.
